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Regalos para lectores, que no son libros

Hace poco me vi con dinero y sin tiempo para leer.

“Vaya”, pensaréis, “qué drama más burgués tiene este chico”. Podría no haber gastado el dinero y ahorrarlo, o podría haber comprado un libro y esperar a que apareciese un oasis de relax en mi vida que me proporcionara el tiempo y la energía para leerlo. O podría haber gastado el dinero en otra cosa, cierto.

-[Échale un vistazo a nuestros libros recomendados]-

Pero la cuestión era esta: tenía dinero, y quería darme un capricho. Bien merecido, en mi opinión. Y no, no quería ropa, ni quería ir al cine, ni quería salir a cenar. Quería algo que me reconectara, de algún modo, con esa faceta de mí que ya me está haciendo estornudar por el polvo que está cogiendo (gracias, instituto): la de lector. Quería algo que me quitase ese “gusanillo”, esa extraña culpabilidad de no poder dedicarle, desde hace un año, el tiempo que esa afición requiere a un placer que tanto ha hecho por mí. De algún modo quería algo que me hiciese desear volver a engullir libros como lo hacía. Y sé que muchos de vosotros, lectores, me comprenderéis.

Y si no me comprendéis, no os preocupéis. Este post también va para vosotros, y ahora sabréis por qué:

Nadie piensa de alguien a quien le guste el cine que le gusten todas las películas, ¿verdad? Así pues, ¿por qué tanta gente se piensa que un lector va a disfrutar con cualquier libro? Ni siquiera nosotros, los que leemos, estamos seguros de si vamos a disfrutar una obra cuando la adquirimos. Somos muy nuestros: muy de escuchar recomendaciones, toquetear en librerías, admirar portadas, oler páginas, informarnos en internet, admirar escritores y ser asiduos a géneros como para que tengamos ganas de dedicarle tiempo a una obra que, de entrada, no nos apetece porque no hemos escogido nosotros. Por eso muchos de vosotros, regaladores, no os atrevéis a obsequiarnos con un libro. Pero en el fondo no os sentís nada a gusto regalando a alguien importante algo para salir del paso, algo que no vaya a ser una demostración de cómo de profundamente le conocéis. Así que, si buscáis un buen regalo para vuestro ratón de biblioteca favorito y no queréis pifiarla regalándole un libro que no tenga ganas de leer, atentos a esta entrada.

Porque este artículo va tanto para vosotros, lectores de pura cepa, como para vosotros, regaladores frustrados:

Un kit para bibliotecarios

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Los que aún adquirimos libros en papel, y me consta que somos una resistencia mucho más grande de la que se piensa, lo hacemos por algo, y uno de los motivos que conforman ese “algo” es una buena estantería. Como lector, no hay nada que me guste más que una estantería. Me gusta ordenarla mucho, tenerlo todo bien a mano para poder meter las narices de nuevo en los mejores párrafos de mis libros favoritos y ponerla bien bonita y bien impresionante para que todo aquel que entre en mi cuarto la admire. Pero eso conlleva un sacrificio: el que se quede mirando tu estantería embelesado, es muy probable que acto seguido te pida alguna obra prestada. Y es que los coleccionistas de libros no somos más que bibliotecarios no profesionales… y a mucha honra. En el fondo, nos encanta fabricar nuevos lectores y hacer recomendaciones arriesgadas. Lo que no nos gusta tanto es no tener controlados nuestros libros en todo momento, porque perder uno, aunque solo sea uno, nos duele un poquito. Por lo que cualquiera de nosotros nos emocionaríamos si recibiésemos este kit de bibliotecario.

Gracias a él, tú podrás jugar a ser todo un funcionario, como los niños pequeños siendo chefs en sus cocinas de juguete. Y, de paso, te permitirá saber qué libro prestas y a quién, lo cual es de agradecer. Incluso puedes poner una fecha límite para su devolución. Quizá esto último ni tú te lo tomes demasiado en serio, pero manejar un sello de bibliotecario tiene que molar, ¿verdad?

Un kit de caligrafía

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Un lector es un potencial escritor.

Eso es así: el que disfruta con las historias de otro, va a acabar despreciándolas. ¿Por qué? Porque todo su ser empezará a buscar otros mundos, otras historias, un libro que no existe. Eso antes de descubrir quién tiene que escribir ese libro, quién tiene que escribir lo que ansía leer: él. Es el destino al que casi todo bibliófilo está abocado. Pero hay formas y formas de hacer las cosas, y puestos a hacer algo… vamos a impresionar, ¿no?

Todo aquel al que le guste el arte y el trabajo manual disfrutará de escribir a mano, y para ello nada mejor que este kit de caligrafía que hará que tus historias, o por lo menos los encabezamientos de tus capítulos, brillen tanto en forma y contenido como en estética. Algo de práctica y tus días de menor inspiración podrás huir del formato Word, coger un folio y sentir algo parecido a lo que sienten los artistas cuando pintan. Las ideas de qué escribir, os aseguro, vendrán solas. Especialmente recomendado para poetas.

Un buen marcapáginas

Como lector profesional que soy admito que he doblado esquinas, he puesto servilletas o lápices entre dos páginas y usado puntos de libro publicitarios, cuyo cartón estaba a medio romper, con tal de no tener que memorizar por dónde me quedé leyendo la noche anterior. Todos esos recursos han cumplido su función satisfactoriamente, lo admito. No tengo queja sobre ello.

Pero… si vas a hacer algo, hazlo de la forma más original que puedas, ¿no? Y sí, chicos y chicas, hasta los marcapáginas pueden tener glamour, sobre todo si son tan diferentes como este, o tan prácticos y divertidos como estos, que te permiten señalar incluso la misma línea por la que decidiste parar. Quizá no sea un gran lujo, pero como pequeño capricho para consumo propio o como opción de detalle sencillo para alguien, es de lo mejor.

Lamparita para lectores taciturnos

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Esta idea tiene su historia:

Rondaba los once años cuando fui a casa de unos amigos en nochevieja. La cuestión es que, sin esperarlo, sacaron una gran bolsa y dieron un detalle a cada uno de los que estábamos allí. Cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que el mío era una pequeña lámpara, más bien una linterna, que podía enganchar en la tapa de cualquier libro para leer por la noche sin molestar mucho a nadie. Estuviese donde estuviese.

Bendita puñetera lamparita. A cuántos campamentos me la llevaría para hacer menos duras las noches, momento álgido de morriña. Cuando ya se pasaba la diversión de la tarde y nos mandaban a “la cama”, y yo solo deseaba volver a mi cama, la de verdad, la de mi casa, la lamparita y el libro que me acompañasen me distraían y me hacían mucho más llevadero el proceso de quedarme dormido.

Podéis pensar que es una tontada, pero como en el caso de los marcapáginas, a la hora de hacer un pequeño detalle, si no queréis regalar por regalar y preferís hacer una demostración de que conocéis las aficiones de la otra persona, es una buena opción.

Recomendado especialmente para lectores viajeros que a saber dónde o con quién acabarán durmiendo.

Una taza que demuestre nuestro orgullo friki

Yo admito ser un lector muy poser: leo un libro, lo disfruto, lo reflexiono, y lo subo a mi Instagram. Esta sobreexposición tan criticada a mí me encanta y la produzco para que mi círculo social –o, por lo menos, el que se concentre en mis followers– le dé una oportunidad al libro que yo esté leyendo si le llama la atención, o en busca de conocidos que ya lo hayan acabado y quieran compartir su opinión, o simplemente para satisfacer el voyeurismo de mis seguidores así como yo satisfago el mío curioseando en sus perfiles. No considero que tenga nada de malo.

Y, así como lo hago con los libros, también me gusta hacerlo con todo lo más friki que tengo. Porque aunque es cierto que no todos los lectores somos así, la mayoría sí que disfrutamos almacenando merchandising.

Eso sí, ser el icono nerd que queremos ser es un trabajo duro que conlleva una adolescencia de coleccionismo. Así que, si pensáis empezar ese coleccionismo, no debéis dejar de hacerlo con una taza. Si os soy sincero, no hay un claro por qué, pero yo ya lo considero una tradición. ¿O es que nadie se rige por el tópico del café, la manta y el libro en esas tardes lluviosas en que no apetece hacer ninguna otra cosa? Nada mejor que tomarse la bebida caliente en una taza de esas que da gusto fotografiar para Instagram, y si es de tus sagas favoritas como Harry Potter, o Juego de Tronos, mucho mejor. Vuestra taza, vuestro libro, una foto, y ya estaréis listos para disfrutar de la lectura y causar la envidia de vuestros amigos más frikis.

Una agenda literaria o cualquier material de papelería literario

Si hay algo capaz de aliviar la carga que es septiembre y sus días de transición desde las vacaciones a la vuelta al cole, o que haga que se nos olvide un poco en Nochevieja que ha pasado un año más y así no recordar la cantidad de propósitos que no hemos cumplido… eso es la papelería. Sí, la papelería. No os riais, pues bien sabéis que no han sido pocos los ratos que habéis dedicado a tomar la decisión de qué agenda comenzar habiendo tantas preciosas. Y si abrís los cuadernos de vuestros hijos, bien podréis ver como la letra de las primeras páginas es la más cuidada. ¿Por qué? Porque también es la letra más ilusionada, porque empezar una libreta, no sabemos por qué, da placer al 90 % de la población. Y es probable que los alumnos se resistan a hacer el camino al instituto, pero el camino a la papelería… bueno, si van a llevarse una bonita carpeta nueva y unos subrayadores sin estrenar, ya es otra cosa.

Y como no podía ser de otra forma, hay mucho material de este tipo enfocado exclusivamente a los literatos. En cuanto a agendas, recomiendo, por ejemplo, las de la editorial Blackie Books o la editorial Alba. Pero si ya os parece un poco tarde para pillar una agenda… ¡En Amazon podréis incluso encontrar libretas organizadoras para bloggeros literarios!, y por supuesto, una libretita pequeña para llevarte a todos lados del gran Lewis Carroll.

Estas han sido mis sugerencias de regalos para lectores que… no son libros 🙂

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Soy bibliófilo por genética, melómano por costumbre y cinéfilo por casualidad. Estudio bachillerato y, en mis ratos libres, hablo de libros (y de todo un poco) en mi blog y en la revista "Mi biblioteca".

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