Para los que todos los días son 14 de febrero: Los mejores libros románticos

Os voy a hacer una confesión: me gusta lo cursi.

Sí, claro que he tenido mis épocas de creerme demasiado indie como para disfrutar de los libros románticos, pero seamos realistas: en el fondo, a la mayoría de la población le gusta regodearse en lo empalagoso como a los cerdos les gusta bañarse en barro. Leemos una de esas escenas en la que los protagonistas se besan bajo la lluvia y queremos una historia así. Es más, a veces conseguimos historias así porque hemos leído historias así. ¿Y qué hay de malo?

La mayoría de los libros de amor tienen las tapas rosas, y los hombres parecemos demasiado machos como para llevar un libro rosa debajo del brazo. Y las mujeres… “ves comedias románticas… ¿en serio eres de esas?”. La sociedad de hoy en día ha ensalzado tanto la independencia que los hay que consideran querer a alguien un acto inherentemente tóxico, como si pudiésemos ser islas. Por una cosa y otra, no, no son buenos tiempos para reivindicarte como un sentimental… pero yo lo hago, y si tú también lo haces, estate atento: he aquí mis recomendaciones de libros románticos.

Orgullo y prejuicio de Jane Austen o el imprescindible por excelencia

Para responder a la pregunta de qué libro romántico es mejor, tendría que haber leído todos los que hay, cierto. Pero no soy Dios, así que no me quedan años para eso. Eso sí, puedo tener la seguridad de casi acertar si respondo Orgullo y prejuicio de Jane Austen. Y es que este clasicazo de la reina histórica de la novela rosa es, sin duda, una de las novelas sentimentales más valoradas (y con razón) del mundo.

Entras en sus páginas y de repente descubres a la inteligente Elizabeth Bennet y al agrio Fitzwilliam Darcy, que, como si se tratase de una comedia romántica, parten desde el desprecio más absoluto para llegar a ser la pareja más conocida de la literatura anglosajona (bueno, es cierto… Romeo y Julieta tampoco están mal).

La psicología interior y exterior de los personajes, la evolución de su carácter y de sus sentimientos, me resultaron sorprendentes. Yo, que nunca he sido muy de clásicos, la devoré como si se tratase de una novela contemporánea cualquiera. La autora refleja de manera soberbia la sociedad de su época y, a la vez, parece distanciarse de ella creando unos personajes protagonistas que, dentro de ellos, no tienen las ataduras emocionales propias de esa cultura tan opresiva. Quizá esto fue lo que me sorprendió: el descubrimiento de que, hace doscientos años, los sentimientos no eran tan diferentes de los de hoy en día.

Es una historia de amor cosida lentamente, hilada con ternura para crear un libro que merece ser leído tanto en un porche en verano, como frente a la chimenea en invierno. Y es que es una verdad mundialmente reconocida que un lector voraz, poseedor de una gran sensibilidad, necesita un ejemplar de Orgullo y prejuicio.

El cuaderno de Noa de Nicholas Sparks o la historia de un amor superviviente

¿El “cuaderno”? ¿Cómo que “cuaderno”? ¿No era un diario? No, chicos, no confundáis el título de esta novela con el de su adaptación cinematográfica. Adaptación que, por cierto, nunca llegué a acabar. Por eso me sorprendí a mí mismo devorando y emocionándome con esta joyita tan corta. No sé si es el mejor libro romántico que he leído… pero, si no lo es, está muy cerca.

Qué puedo decir, no soy una persona demasiado realista, así que creo en esos amores a los que no traspasa el tiempo, sino que solo pasa por él. Me gustan los sentimientos que resurgen y los inocentes amores juveniles que vuelven a la vida con más fuerza tras unos años.

Y es que los romances de verano locos son más importantes que lo que la gente se piensa, ¿O es que no habéis conocido nunca a una de esas personas que dejan una herencia? Son esas que no importa lo lejos que se vayan ni lo mucho que tú cambies, si algún día encuentras una vieja foto con ellos, vas a volver a ser ese chaval de veinte años sediento de aventuras y rebeldía. Y esa es su herencia: los recuerdos.

Eso hace que El cuaderno de Noa sea, a la vez, de los mejores libros de jóvenes enamorados y de las novelas más serias que he leído: los recuerdos. Cuando os sumerjáis en su historia, lo comprenderéis.

Yo antes de ti de Jojo Moyes o la novela más desgarradora que os traigo.

Probablemente el mejor libro romántico de la década, y sin duda una de las novelas que más me ha roto el corazón.

¿Puede tener el amor limitaciones si las tiene el cuerpo? ¿Merece la pena llegar hasta el final en una relación cuando sabes que tiene final? El amor entre Louisa Clark, una joven pizpireta que empieza a hacer de niñera de un adulto y Will Traynor, un joven rico con un gran futuro antes de que un accidente le dejase en silla de ruedas, responde a estas preguntas. Esta relación reúne los elementos necesarios para enamorar a cualquiera.

A pesar del trágico trasfondo que impregna toda la novela (y es que es duro contar cómo alguien no tiene ganas de vivir), la autora es capaz de escribir escenas divertidas y conmovedoras que no quedan fuera de lugar. Empatizamos mucho con los personajes y, al margen de nuestra conformidad con las decisiones que toman, el aprecio que sientes hacia ellos es mayor cuanto más avanza la trama. No es uno de esos flechazos amorosos irreales que nos encontramos constantemente en literatura, sino que es una relación que se toma su tiempo. Tampoco es lenta porque siempre ocurre algo que merece la pena leer: un flashback de los recuerdos de Louisa, un diálogo con alguno de los personajes que rodean a esta pareja… Sea lo que sea, todo dirige al lector a reflexionar acerca de cómo de capaces somos de sostener nuestra vida en y por una persona.

Eso sí, aviso: no es una novela fácilmente llevadera. Es precisamente la parte de reflexión que la trama dramática lleva de la mano la que nos hace pasarlo un poco mal leyéndola. Pero no nos engañemos: hay libros en los que vamos buscando precisamente eso. Un sabor agridulce al final y unas pocas lágrimas en los ojos. Ese sufrimiento es precisamente el que separa una novela anodina de una muy buena novela como es esta.

Contra el viento del norte y Cada siete olas de Daniel Glattauer o “conocerse a través de internet y no morir en el intento”

Libros actuales románticos hay muchos, porque el género nunca pasa de moda, pero pocos están escritos de forma tan original como esta bilogía, en la que no hay más que diálogo. Es complicado explicar cómo el autor lo ha hecho, pero lo ha hecho: estamos ante una historia de amor a fuego lento, sin prisa, sin flechazos a primera vista ni escenas dramáticas forzadas para justificar sentimientos acelerados… pero no hay ni una sola línea narrada.

Y no, no estamos hablando de una novela epistolar al estilo “te escribo porque mi vida sin ti no es nada, voy a narrar aquí las memorias de cuando estabas a mi lado”, que, al fin y al cabo, viene siendo lo mismo que escribir una novela. No, estamos ante una trama con planteamiento, nudo y desenlace… a través de emails.

En estas dos novelas, ambas cortas y muy ligeras, somos testigos de la historia de amor entre Emmi Rothner y Leo Leike. De la historia de amor al completo, desde el momento en que un curioso azar lleva a uno a encontrarse sin querer en la bandeja de entrada del otro, hasta el final de la historia que, obviamente, no puedo desvelar. Solo diré del final del primer libro que más os vale tener a mano el segundo o, por lo menos, tener localizada la librería donde corráis a comprarlo, porque no os vais a poder resistir.

El toque que hace a estas novelas especiales es la contraposición de caracteres entre sus protagonistas y el realismo que, por ello, desprende su relación. Muchas veces los autores tienden a crear a la persona indicada para el o la protagonista perfilando un personaje perfecto. Y seamos sinceros: alguien guapo, dulce, tierno, inteligente, valiente… es el indicado hasta para una maceta. Lo verdaderamente difícil está en escribir acerca de una relación basada en las diferencias y las coincidencias, los obstáculos y cómo se superan. Y es que Emmi y Leo son tan parecidos, y a la vez tan diferentes, que se complementan a la perfección, sin necesidad de hacer de ellos dioses del carisma. Eso es lo que me ha gustado: a veces sobran peros, a veces encontramos muchos baches en el camino, y puede que esos baches sean inherentes a la otra persona… pero quizá, aun así, esa historia merezca tener una segunda oportunidad. Y de eso tratan estos libros.

Nosotros en la noche de Kent Haruff o “nunca es tarde si la dicha es buena”

Estoy haciendo un artículo de buenos libros románticos y por poco me olvido de este… imperdonable.

Esta novela corta narra la historia de Louis y Addie, dos personas mayores, viudas, que deciden comenzar a pasar las noches juntas para evitar la soledad. Hasta aquí, puede parecer una comedia romántica de Diane Keaton, pero nada más lejos de la realidad: este acto, en un pueblo de mentes estrechas y lenguas largas, supone un antes y un después en la vida de nuestros protagonistas. El autor abre la veda así para que reflexionemos acerca de hasta qué punto la opinión que los demás tengan de nosotros condiciona nuestros sentimientos, hasta los más puros. Y es que, cuando te deshaces de la incomodidad de rendir cuentas a los de tu alrededor, cuando comprendes que la vida son dos días y tú estás en el atardecer del segundo… entonces nada te frena. O eso esperas.

Es una historia que, en 130 páginas, te ata el corazón. No es solo una reflexión acerca del amor, también lo es acerca del tiempo y de la muerte. Y más si tenemos en cuenta que este libro fue escrito justo después de que al autor se le diagnosticaran pocas semanas de vida. ¿Qué escribirías tú si supieras que es lo último que vas a escribir? Bien, Haruff se va por la puerta grande reivindicando la vida. Porque eso es realmente este relato: una oda a la vida. Nos recuerda que nunca es demasiado tarde para empezar a vivir y, sobre todo, que nunca es demasiado tarde para encontrar a una persona que te enseñe todo lo que nunca te han mostrado de la vida.

No, no es uno de los libros románticos más famosos que conozco. Pero dadle una oportunidad: os durará un día entre las manos y toda la vida dentro de vosotros.

Las ranas también se enamoran de Megan Maxwell o la novela que leeréis este verano

Para no irnos con un sabor tristón en la boca –como podéis comprobar, me gusta mucho el romance dramático–, cierro este artículo recomendándoos, en general, a Megan Maxwell y, en particular, esta novela

Maxwell es una de las escritoras más leídas en España por ser la reina del chic-lit, el género que los amantes de las comedias románticas no deben perderse. Y es que, si buscas una novela amena, que te haga reír y soñar sin pasar grandes sufrimientos, esta debería ser tu opción. Es de sus libros románticos más leídos (también ha puesto un pie en la romántica histórica) y su punto fuerte es la capacidad de hacer de una historia muy tópica, algo original a través de los diálogos.

No voy a decir mucho más porque poco tiene que decirse: sin ser profunda, es buena. Escenas picantes, diálogos jugosos y alguna que otra reflexión que está muy bien planteada sobre encontrar el amor en la madurez y cómo lidiar con él.

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