Mejores libros juveniles: para los jóvenes literatos

Cuando hablamos de libros juveniles, muchos adultos piensan en literatura de segunda. Frases cortas, vocabulario simple y temas frívolos. En definitiva, poco que ofrecer a alguien que tenga más de dieciocho años y tres neuronas… pero nada más lejos de la realidad. Los libros juveniles no se clasifican de esta manera porque no los pueda disfrutar un público de una edad más o menos avanzada, sino porque los temas que abordan y los personajes que los protagonizan son un reflejo de lo que es la adolescencia. Y la adolescencia es algo por lo que pasamos todos.

En un libro juvenil cabe el amor y el desamor, la amistad y la enemistad. Cabe hablar de las primeras veces, desde las más naturales, como las sexuales, hasta las más peligrosas, como los primeros escarceos con drogas. Se habla de la complicada vida de instituto, se reflexiona acerca del acoso. Se abordan las difíciles relaciones entre padres e hijos desde el punto de vista, por una vez, de los hijos (y por eso mismo muchos padres deberían leerlos). En definitiva, los libros juveniles entablan con nosotros el diálogo que no nos atrevemos a entablar con los demás, y nos brindan respuestas a preguntas que no sabíamos que teníamos, pero que estaban ahí, expandiendo nuestro desconcierto y confusión típicamente juvenil. Nos dan lecciones que vamos a necesitar que nos repitan miles de veces a lo largo de nuestra vida. Es por eso que yo, un buen libro juvenil, lo recomiendo a cualquiera… aunque no sea una persona muy juvenil. Y aquí vienen mis recomendaciones de libros juveniles.

Algún día este dolor te será útil, de Peter Cameron, o memorias del bicho raro

James Sveck es un tío raro. No le gusta la gente de su edad. Cree querer a su familia, pero no puede estar seguro. La “cagó” mucho una vez en un viaje que hizo. En general, la caga mucho cuando hace cosas, y eso que es un tipo bastante listo. Por lo menos, tiene la suerte de ser el protagonista de esta novela, uno de los mejores libros juveniles que he leído.

Algún día este dolor te será útil trata, como su nombre indica, del dolor. Ojo, no es ningún dramón a pesar de eso. De hecho, me atrevería a decir que lo que predomina en sus páginas es el humor negro. Y, pese a todo, es también un libro duro.

El protagonista es un completo outsider que no entiende a los demás. Es como si todo su alrededor conformase un puzzle y él fuese la última pieza para completarlo… pero no encajase. No ha vivido ninguna gran tragedia que pueda justificar su tristeza y su resentimiento contra el mundo, y, sin embargo, ahí están esos sentimientos, varados dentro de él. Es, básicamente, el reflejo de cualquiera de nosotros en nuestros momentos de máxima confusión. ¿Conocéis esa sensación de estoy mal y ni siquiera sé por qué? Esa que os hace preguntaros si hay un motivo, y a la que respondéis que sí, que hay un motivo. Que no sabéis cuál es pero podéis notarlo. Pues entrar en este libro es vivir esa sensación durante 248 páginas.

Pero merece muchísimo la pena si sois de los que necesitáis husmear un poco en vuestra propia tristeza para comprenderla y, así, paliarla. Os sentiréis muy identificados con el protagonista. Lo dicho: libro juvenil recomendado.

El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon, o el diario del detective más especial del mundo

¿Qué libro juvenil es mejor? Bien, es difícil responder a esta pregunta, pero puedo asegurar que El curioso incidente del perro a medianoche es, cuanto menos, de los primeros del ranking. Por eso está incluido en la lista de 1001 libros que hay que leer antes de morir y ganó en 2005 el premio al Mejor primer libro para jóvenes lectores. Y es que, por muy juvenil que sea, es una novela que tienen que leer (así, en imperativo) todos.

¿Por qué? Bien, porque es un libro que echa muros abajo y derriba la estigmatización que tenemos hacia el Asperger o cualquier otro espectro del síndrome autista. El protagonista y narrador es Christopher John Francis Boone, un chico que vive con este trastorno pero que es mucho más que este trastorno. ¿Por qué recalco esto? Porque la sociedad aún no entiende que las personas con esta clase de discapacidad psíquica tienen muchas más dimensiones y puedan llevar una vida de alegrías y problemas al margen de su enfermedad. De eso va esta novela, que no se centra tanto en cómo condiciona su discapacidad al protagonista como en el efecto que este tiene en las personas de su alrededor y el tratamiento que recibe, a veces positivo y, otras veces, negativo.

Es un libro duro y tierno a partes iguales, como la mayoría de los que os vengo a recomendar (¿qué es la adolescencia sino dureza y ternura intermitentes?), pero este lo es de una forma especial. Trata de un chico que se las da de detective para resolver el misterio del asesinato de un perro y acaba descubriendo mucho más que eso. Y, de paso, nos da a todos una lección tremenda.

Campos de fresas, de Jordi Sierra I Fabra, o “di no a las drogas, la novela”

La siguiente novela que os traigo es el libro juvenil más famoso de este prolífico autor catalán y narra la historia de Luciana, una chica que en una noche de fiesta ingiere una droga de diseño y cae en coma. A su alrededor, el mundo se paraliza y sus familiares y amigos comienzan a enfrentarse a sus propios demonios mientras rezan porque ella también lo haga.

Esta novela es probablemente el mejor libro juvenil de los 90, por lo menos en cuanto a publicaciones españolas se refiere. Porque no solo conciencia e invita a la reflexión acerca del consumo de drogas, sino que toca otros problemas igual de serios y peligrosos, como la bulimia. Estos temas, a pesar de ser muy peliagudos, son tratados de la forma idónea: no hay romanticismo ni exceso de dramatismo en ellos; el autor no se entretiene en el morbo, sino que es conciso. Quedé muy contento con las subtramas de los personajes. Además, me gusta especialmente que se haga hincapié en que las drogas no son cuestión de “bueno, por una vez no va a pasar nada, ¿verdad?”, porque ni siquiera conocemos bien las limitaciones de nuestro cuerpo como para que, en el caso de conocer con seguridad qué sustancia química estamos metiendo en él, estemos fuera de peligro…; además, la mayoría de las veces ni siquiera sabe qué consume quien recurre a este tipo de droga.

En definitiva, es un libro óptimo para recomendar a los adolescentes ahora que empiezan a hacer sus primeras incursiones en el mundo de la noche y la fiesta, enseñando que se pueden divertir de manera saludable. Pero, más allá de eso, es un libro que cualquiera debería leer, porque nunca es demasiado tarde para poder caer en una adicción, aunque achaquemos los vicios solo a los jóvenes.

Trilogía Play, de Javier Ruescas, o todo lo que no te contaron de tener fans

Quería recomendar alguna saga y esta es la primera que se me ha venido a la cabeza al pensar en libros recientes juveniles y que realmente merecieran la pena.

Estos libros tratan sobre dos hermanos, Leo y Aarón. Uno tiene mucha ambición y ganas de triunfar y, el otro, solo quiere recuperar a su verdadero amor. Leo decide subir a internet las canciones de su hermano y, de repente, todo cambia. Play es una historia sobre la juventud, la fama, la familia y el amor, la cual habló de las grandes estrellas que se descubren en la red antes de que se descubriesen grandes estrellas en la red. Su autor, Javier Ruescas, una de las voces más jóvenes y más conocidas del panorama literario español, supo crear la historia que cualquier adolescente que sintiese curiosidad por la industria de la música y, en general, del éxito, quisiera leer.

Una de las cuestiones que más me llamaron la atención, y por la que realmente recomiendo esta trilogía, es la crítica feroz que hace. En este libro, la fama no siempre es el mundo de glamour que algunos piensan, ni todos los artistas son personas frívolas con poco que ofrecer y mucha suerte. ¿Es suficiente el trabajo duro para llegar adonde quieres llegar? ¿El fin justifica los medios? ¿Qué estás dispuesto a hacer, y a quién estás dispuesto a dejar atrás, para dedicarte a lo que sueñas? Y, sobre todo, ¿tiene el éxito ese poder corruptor tan soberbio que la gente piensa? Todas estas preguntas y más son las que plantean estas obras, especialmente recomendadas para millenials. No dejes pasar la oportunidad de leerlas.

Bajo la misma estrella, de John Green, o la mejor novela juvenil que os habéis encontrado

Es el mejor libro juvenil que he leído. Y, seguramente, el mejor libro juvenil del milenio. Con deciros que es la única novela que he leído tres veces (y se aproxima una cuarta), os lo digo todo.

¿Por qué? Por sus personajes, su narración, sus diálogos, la temática que aborda y el mensaje que manda. Quizá la leí muy niño y, con mi cuarta relectura, tras haber recorrido mucho más camino lector, no me sorprenda tanto, pero eso no le quita ni un ápice de calidad como novela juvenil. Mi sensación al leerla es que nada fallaba.

Tendemos a creer que los libros juveniles no pueden abordar problemas globales, como la enfermedad, sin romantizar o idealizar algo. Que se basan en una historia romántica –normalmente, la de chica buena encuentra chico malo- y que no hay otra posibilidad que un plástico final al estilo “fueron felices y comieron felices”. Error. Porque Bajo la misma estrella aborda una relación sentimental con sus idas y venidas, trata un tema realmente serio –el cáncer– con el respeto que merece y, mientras, reflexiona acerca de la identidad personal y las relaciones familiares. Es una novela donde el humor, generalmente negro, y la tragedia, conviven en perfecta armonía. En mi opinión, ni una sola escena desentona aun siendo un libro muy arriesgado.

No voy a decir nada más de este libro porque, dado su éxito, ya os habrán hablado de él o de la película (muy buena también), pero quiero insistiros. Si queréis reír y llorar, tenéis que conocer a Hazel y a Gus. Este libro es el libro más bonito del mundo.

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