Mejores libros de ciencia ficción: cómo viajar a otro planeta sin salir de casa

La ciencia ficción –también conocida como sci-fi– es el género donde los grandes frikis vivirían. No he hecho ninguna encuesta estadística para saberlo, pero no lo necesito. Es el único tipo de libro que reconcilia lo que parecían unas insalvables diferencias entre ser un soñador y ser un escéptico: permite a los que no creen en la magia hacer posible todo lo que ahora no lo es. Y lo mejor es que, con la ciencia ficción, puedes soñar en grande y guardar la esperanza de que, algún día, lo que lees no sean tan solo fantasías. Al fin y al cabo, un día llamamos a viajar a la luna, las videollamadas y los hologramas ciencia ficción… y mirad ahora, parte de nuestra rutina.

Es por eso que os traigo un puñado de muy buenos libros de ciencia ficción, porque quiero recomendaros novelas que os hagan soñar y, quién sabe, quizá también adelantaros un trocito del mundo en el que vivirán vuestros hijos.

Crónicas marcianas, de Ray Bradbury, o los relatos intergalácticos más misteriosos del mundo.

Ya que la cosa va de encuestas, estoy seguro de que si hiciéramos una acerca de qué libro de ciencia ficción es mejor, no saldría ningún resultado concluyente, pero sí resonaría con mucha fuerza un nombre: Bradbury.

Bradbury, Bradbury, Bradbury, y, por supuesto, su novela, Crónicas marcianas, el mejor libro de ciencia ficción del siglo XX –el siglo, por excelencia, de la ciencia ficción–. Aunque se le conoce más por su obra distópica Fahrenheit 451, es esta colección de relatos que vengo a recomendar la que lo catapultó realmente a la fama. Y no es para menos, ¡menudo debut!

El autor explora a través de esta obra cómo sería llegar a Marte, nuestro recibimiento por parte de los marcianos y nuestro asentamiento en ese planeta mostrando todas las posibilidades. Eso sí, por lo general, todas muy angustiosas. El autor parece jugar con nosotros regalándonos relatos que parecen inconexos entre sí y, a su vez, unidos por cierto hilo argumental. Nos habla de las derrotas y victorias de los personajes que van pasando por ese lugar, no tanto con un enfoque bélico sino filosófico. Nos habla de en qué se convertiría el hombre en ese lugar, quién sería su familia, cuáles serían sus aspiraciones y de qué huiría, así como teoriza de diversas maneras acerca de cómo serían los marcianos que ya estuviesen ahí. Estas teorías, sin duda alguna, han inspirado muchas de las grandes obras de sci-fi desde los años cincuenta a la actualidad, así que ya solo por el legado que ha dejado este libro merece la pena leerlo.

Lo admito: son pocos los clásicos que puedo decir con la boca llena que he disfrutado. Pero este es uno de ellos. Merece todos los adjetivos –positivos– que se le hayan dedicado, porque lo que hay entre estas páginas es un extraño magnetismo. Te vas a sentir inexplicable e irremediablemente atraído hacia lo que aquí se cuente, incluso aunque no lo entiendas.

Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams, o “los frikis también queremos reírnos”.

Uno de los libros de ciencia ficción más famosos del mundo, probablemente por ser más una parodia de este género que por ser una novela de ciencia ficción. En un número muy limitado de páginas, Douglas Adams hace una burla enorme hacia los tópicos del género y ridiculiza la sociedad basando su novela en disparates y poniendo de protagonista a Arthur Dent, un señor inglés absolutamente anodino que se ve envuelto en la historia más absurda jamás contada en el espacio.

He de admitir que puedo ponerle un gran pero a esta novela. Y es que, a pesar de leerse en un suspiro por ser tan corta, no es especialmente ligera. Enrevesado vocabulario científico y tecnológico sin pies ni cabeza y demasiados personajes de nombres extraños hace que cueste seguirle el hilo. A pesar de ello, merece la pena por las risas que te arranca con ese humor british tan torpón y porque, si eres un poco avispado, notarás cómo el autor intenta transmitir a través del sinsentido de su novela su visión de nuestro mundo: otro sinsentido igual de grande.

Y es que Guía del autoestopista intergaláctico no es sino otra cosa que nuestra rutina diaria, nuestras conversaciones de besugos, nuestro orden social y la lógica que aplicamos cotidianamente (que, si nos la planteamos, difícilmente merece llamarse lógica)… en el espacio. Jugando con la posibilidad de que ese misterioso más allá que imaginamos y por el que nos gastamos millones para explorar no esté habitado por los seres superiores y llenos de conocimiento que esperamos, sino por mentecatos de nuestro nivel pero con naves más adelantadas, el autor hace un formidable experimento de “autoburla” que, la verdad, merece la pena ser leído.

Y, si os quedáis con ganas de más, aunque el libro pueda ser perfectamente autoconclusivo y no necesitéis seguir, el autor continuó la saga con otros cuatro tomos que tienen pinta de ser igual de desternillantes.

Illuminae, de Amie Kaufman y Jay Kristoff o la novela espacial más sorprendente que he probado.

Probablemente el mejor libro de ciencia ficción que he leído. Por lo menos, en cuanto a ciencia ficción pura, alejada de la distopía. Ya solo la maravillosa edición de Alfaguara, que juega con la tipografía y el color de las páginas para meterte más aún en la narración, debería ser motivo suficiente para leer esta novela, pero hay mucho más.

Lo admito: es un libro bastante largo al que hay que estar atento para seguirle el hilo. Al principio puede parecer demasiado denso. Es algo habitual en este tipo de novelas, que muchas veces se explayan en lenguaje científico ficticio y explicaciones tecnológicas que resultan aburridas y hacen que el lector desconecte. Sin embargo, si le das la oportunidad a Illuminae, te das cuenta de la perfección de la novela. Adictiva, reflexiva y muy, muy humana. No es el único libro que habla de qué pasaría si las máquinas cruzaran la línea que les separa de la humanidad y adquiriesen voluntad propia, pero ningún libro os lo ha contado como lo hace esta novela.

Todo en ella, desde los personajes hasta la narración, pasando por el romance (sí, aquí hay de todo) la hacen una novela redonda que cuesta creer que se vendiese como un libro dirigido, solamente, a adolescentes. No, no, amigos: esta es una obra muy infravalorada, que sería recomendable a cualquier fan del género. No exagero si os digo que, de tener más fama, podría aspirar a convertirse en un clásico, porque tiene el nivel de Bradbury o Asimov.

Me reitero: no será de los libros de ciencia ficción más leídos, pero os aseguro que cerraréis esta novela con una sensación en el centro de vuestro estómago que, sin que identifiquéis si es mala o buena, os hará saber que la lectura ha merecido muchísimo la pena.

Las marcas de la muerte, de Veronica Roth, o si George R. R. Martin pasase de Juego de Tronos.

Seguramente es de los mejores libros actuales de ciencia ficción y toda una sorpresa porque, al igual que Illuminae, se dirige a un público juvenil… pero ni mucho menos es ajeno al disfrute de cualquier adulto.

Su autora, Veronica Roth, ya tiene experiencia con la ciencia ficción, en concreto con el género distópico, con el que se coronó como una promesa de la literatura a través de su famosísima saga Divergente. Con este comienzo de saga no hace más que confirmar todas nuestras sospechas: está aquí para quedarse.

Y es que la historia de Cyra, una joven shotet con el don –o maldición– de provocar un enorme dolor a todo el que le toque, y de Akos, un joven de Thuvhe que ve cómo le arrebatan a su familia y se jura proteger a su hermano pequeño a toda costa, es una de las más completas que he leído dentro de este género. Ambientada en un universo en guerra, yo la describiría como un Juego de tronos espacial. La única diferencia es que el carácter “sentimental” de la obra predomina en detrimento del carácter belicoso. Podemos ver cómo se mueven las piezas en el tablero buscando hacer jaque mate al rival, pero principalmente contemplamos a dos personajes a los que, simplemente, los mueven. Su entorno los usa como armas o como instrumentos mientras nosotros somos testigos de lo que son por dentro. Van alternándose como narradores en cada capítulo y la autora se sirve de este recurso para hacer lo que mejor se le da: desdibujar en ellos la fina línea que separa lo que está bien de lo que está mal. Así, crea personajes muy humanos y que invitan a la reflexión. Chapó también por lo bien hilado que está el universo que ha creado, al que no le falta detalle, y que hará las delicias de todos los que sean exigentes con este aspecto.

Si estáis buscando una buena saga de ciencia ficción que empezar, apostad por esta. No os arrepentiréis.

Leviathan, de Scott Westerfeld, o cómo conciliar lo retro y lo moderno.

Para acabar, quería recomendar un libro reciente de ciencia ficción que se desligara de la habitualidad del género, por eso os traigo esta obra steampunk.

Como podréis imaginar, dentro del sci-fi hay diferentes corrientes, como el space opera, las distopías… Cada una de estas ramas tiene sus características propias, y para mí, el steampunk, es uno de los géneros más interesantes. Al contrario que otros tipos de ciencia ficción, este normalmente no se ambienta en el futuro, sino en el pasado. En concreto, suele inspirarse en la época victoriana. Sin embargo, los personajes se mueven por un ambiente donde predomina una tecnología muy diferente a la propia de la etapa histórica. Máquinas de vapor que jamás existieron, un cielo infectado de dirigibles muy avanzados para la época, unas vestiduras que mezclan trajes de época con una estética punk… y la acción propia de la ciencia ficción más conocida.

No he leído mucho del género (desgraciadamente, no es una temática que las editoriales españolas suelan traducir), pero esta obra que os traigo, Leviathan, que además es el principio de una trilogía, merece mucho la pena. No podía faltar en este artículo, y no solo por su espectacular edición (en tapa dura, con una portada curradísima, ilustraciones y las páginas de un blanco nuclear), sino por la historia que cuenta:

1914, acaban de asesinar al archiduque Francisco Fernando en Sarajevo. La Primera Guerra Mundial se acerca y solo Alek, su hijo, podría ponerle fin. Una guerra que se va a librar entre los alemanes (los “clánker”) y sus criaturas mecánicas armadas, y los ingleses y sus animales modificados genéticamente (gracias, Darwin).

La premisa es interesantísima ¿verdad? Es cierto que el libro es un poco introductorio al ser el comienzo de una saga, pero el mundo que recrea, además de estar muy trabajado, es muy original. Unos personajes bien perfilados y una narración impecable completan esta obra que amarán quienes no sepan decantarse entre la ciencia ficción y la novela histórica.

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