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Mejores películas de zombies que te dejarán el culo Pepsicola

“Es el zombie el que elige al cerebro,
y es el cerebro el que quiere que sean los zombies el cerebro”.
M. Rajoy

No vais a creerme, pero hace no tanto tiempo era muy difícil, dificilísimo, poder encontrar y ver buenas películas de zombies, a menos que las tuvieran milagrosamente en tu videoclub, te las dejara un colega o las echaran, a altísimas horas de la madrugada, en la televisión. Y no hablo de 1879 ni de 1934, no: esto ocurrió en la década de los 90 y se extendió hasta bien entrados los 2000. En torno a 2004 se produjo un renacimiento del género, y bienvenido ha sido, pues parece que todavía dura, y goza de un excelente —aunque a menudo renqueante— estado de salud. En una época de sequía como la que nos azotó, las pocas novedades que se abrían paso en el mercado eran, perdón por la expresión, auténtica ñorda. Pero olvidémonos de esos duros tiempos de posguerra mundial Z y centrémonos en el ahora, en el hoy, en el mundo del clic: pa mí. Aunque existen películas recientes de zombies que merecerían estar en un listado como este, y es casi imposible ser objetivo, así que… ¿Quién se apunta a un maratón de las mejores películas de zombies de todos los tiempos?

Nos centraremos en las que definen cadáveres hambrientos que arrasan el mundo, no las que toquen el tema del vudú, que también las hay. Aprovisionaos de víveres, atrancad puertas y ventanas y, por lo que más queráis: apuntad a la cabeza.

El día de los muertos, 1985 Una de las mejores películas de Zombies, por G. Romero

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Vamos a abrir primero el buen whisky añejo, que cuando ya estemos colocados, el DYC entrará sin que nos demos cuenta. Si alguien me pregunta qué película de zombies es mejor, dudaría poco en recomendar esta. George A. Romero, considerado el “definidor” del género por su La noche de los muertos vivientes, tiene una producción más que irregular, pero una serie de alineamientos de astros y cometas, junto a un desmesurado talento, hizo que, en 1985 —año prolífico en calidad zombie, por cierto—, pariera esta maravilla. El cierre de una trilogía que muchos años después, al ser ampliada, no supo concretar del todo, es el ejemplo perfecto de lo que tiene que ser una buena película de cadáveres andantes. Nos presenta sin preámbulos un mundo ya invadido, bebiendo (sin continuidad) de sus anteriores filmes, y un grupo de supervivientes formado por científicos, militares y algún que otro civil han quedado aislados en un refugio militar subterráneo, y se dedican a buscar, por un lado, una cura al azote zombie y, por otro, a buscar supervivientes.

Y no hay nada.

Su escena inicial, cien veces copiada y nunca superada, te sumerge sin preámbulos en el horror de lo que vaga ahí fuera, pero pronto quedará claro que el verdadero espanto está en la propia casa de uno. Los militares quieren resultados para ayer, los científicos no pueden dárselos: el follón está servido. Con altas dosis de gore, y el colofón del talento de Tom Savini como maquillador abarcando toda la escala de rojos, hace un retrato de personajes que pasará a la historia. Vemos interactuar a la serena y valiente protagonista, su desastroso novio depresivo, el militar loco y peligroso y sus dos alienados acólitos, el piloto y el operador de radio nihilistas, el científico chiflado destripaterrones y un par de pimpines más (ojo, uno de ellos es Greg Nicotero: si no lo conocéis, que sepáis que conocéis su trabajo de sobra), en un claustrofóbico ballet bajo los compases sintéticos del bueno de John Harrison. En mi opinión es la mejor película de zombies de la historia, aún no igualada, sólo porque Dawn of the dead (su anterior obra de pus andante) no ha sabido envejecer tan bien como esta. La mejor película de zombies de 1985. No es decir poco.

No profanar el sueño de los muertos, 1974

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En 1974, es decir, entre el estreno de La Noche de los muertos vivientes y su continuación, Dawn of the dead, un tiparraco español llamado Jordi Brau decidió que quería meterse a empujones en la historia del cine de zombies y se sacó de la manga esta magnífica película, en apariencia —y factura— completamente extranjera, que no escatimó en mostrar un tratamiento de casquería a todo color, junto a un panfleto hippie, algo chusco y trasnochado pero efectivo, sobre los peligros de la industrialización desatada. ¿Pues no coge una malvada empresa y se saca un artefacto que, mediante una especie de ultrasonidos, ahuyenta a los insectos de las cosechas y, sin preguntar a nadie, se pone a comprobar sus efectos a dos pasos mal contados de un viejo cementerio?

Se pregunta uno cómo c*j*nes no se les ocurrió que esos ultrasonidos iban a devolver a la vida a los cadáveres recientes, dotándolos de un hambre caníbal insaciable y una fuerza sobrehumana. Un tipo melenudo que pasaba por allí, junto a una jovencita que se ha cargado oportunamente su moto poco antes por no mirar por el retrovisor, llegan al pueblecito de proverbial pachorra británica donde vive la hermana de esta última y se enfrentarán no sólo a los zombies, sino al obtuso policía que, empeñado en devolver al protagonista a cortarse el pelo a Rusia, no cree una palabra sobre los crímenes que empiezan a cometer los caníbales. La película tiene pocos zombies, eso es cierto, y se echa de menos un poco más de ritmo en algunas ocasiones, pero las escenas que va hilando, una tras otra, en la que aparecen los revividos, son adelantadas a su tiempo, ni más ni menos. Una delicia que hay que ver; con tiento, sí, pero hay que verla.

28 días después, 2003 La mejor película de zombies actual

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Después de aquella sequía de género que comentaba antes, durante la cual salieron al mercado poco más que vídeos cutres largos e infumables como Mondo Zombie o Darkness (requieren de una gran dosis de condescendencia, pero es lo que había, e incluso éstas tienen su puntito, al fin y al cabo), llegó el momento de que alguien dijera, a lo John Lasseter en Disney con las secuelas mierdosas: “Bueno, cojones, ya está bien de porquerías”, y diera un puñetazo sobre la mesa. Ese alguien fue Danny Boyle, y el resultado fue 28 días después.

No está muy claro si fue casualidad por su coincidencia en el tiempo, pero la cosa empieza con un tío que se despierta en un hospital y descubre que se ha perdido la madre de las fiestas; sí, igualito que The Walking Dead.

Esta película abrió el debate sobre “zombies o infectados”, pero en esencia es una película de zombies y punto; sucedió con Demons o Asalto a la comisaría del distrito 13, que pueden ser sobre demonios o sobre policías, pero la peli es de zombies. Este muchacho, decía, se despierta, y se encuentra con que el mundo se ha ido a la mierda, y ha sido tomado por unas criaturas que sólo quieren aniquilarlo, a él y a unos pocos supervivientes. En esta ocasión se toman varios hilos y se entremezclan al gusto, aderezándolo todo con clarísimos homenajes a la obra de Romero, complicando la cosa al dotar a los zombies —perdón, infectados— de una velocidad poco común (aunque, como veremos, en esto tampoco inventó nada). La película es un deleite, y su gran acierto, esa mezcla de ingredientes de varias películas de varios géneros, le valió estar a la cabeza de cualquier lista de este tipo. Hacia la segunda mitad, se convierte casi en un remake de El día de los muertos, sí, pero… ¿es eso malo, si el resultado termina siendo el que es? Ná. Ni caso, Danny. Eso sí (DESTRIPOILER), te reprocharía un poquito, sólo un poquito, que el delirante plan de liberar al infectado en la escena final desemboque en la muerte de todos los malos y la huida de todos los buenos. Macho…

El regreso de los muertos vivientes, 1985

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Otra de 1985, y otra seminal, en cuanto que estableció también ese tipo de zombie que no se interesa por las vísceras, sino por los cerebros. Dan O’Bannon fue el encargado de parir esta gloria ochentera bajo el atento auspicio de dos de los responsables, junto a Romero, de La noche de los muertos vivientes, que no se sabe si andaban muy a la gresca entre ellos por la autoría, o se llevaban de puta madre. Un lío, pero derivó en este resultado, así que fuera lo que fuese, bienvenido sea. Resulta que los eventos de la peli de Romero ocurrieron realmente, gracias a un agente químico que ideó el ejército (de nuevo los poderes liándola parda), y dos pazguatos de manual se encargarán de abrir uno de los bidones donde se guardaba el gas y lo liberan sobre el cementerio de al lado. Punkies, tetas y sangre a raudales al servicio del demandante, con abundantes notas de humor que, quizá, el chiquillo que era cuando la vi no detectó del todo, y también zombies que corren a toda leche, en una espiral que se recorre sin respiro hasta su apoteósico final. Quizá la mejor película de zombies para ver con una pizza y unas cervezas. Y, supongo, un guiño o ataque al mismísimo Romero, cuando se deja que flote en el aire, en el refrito final justo antes del fundido a negro, un diálogo del principio acerca de La noche de los muertos vivientes:

—Entonces, ¿en la película mentían?

—Es una buena pregunta, Burt…

Amanecer de los muertos (remake), 2004

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La segunda responsable del resurgimiento zombie en los 2000, demos gracias al Señor por los pequeños favores. Zach Snyder dio su pistoletazo de salida en el mundo del cine con esta increíble versión del clásico de Romero (como siga poniendo Romero en este artículo va a terminar pareciendo un tratado de especias, lo sé, pero es lo que hay), actualizada y tuneada a placer pero manteniendo vivo, vivísimo, el espíritu de las mejores películas. Se optó por los zombies rápidos, y he de decir que cuando me enteré me chafó bastante, y me hizo ir al cine con ciertas reticencias; el bueno de Snyder se encargó de darme un bofetón a los dos minutos. Goza de un comienzo brutal, y va a conseguir mantener ese ritmo trepidante a lo largo de todo el metraje, lo que es un mérito más que destacable y una muestra de ese talento que tenía, y que vaya usted a saber dónde ha metido en lo que hace ahora, pobrecito mío.

Una enfermera regresa a casa después de un duro día de trabajo (Preparados…), se frota un poco con su marido en la ducha (Listos…), se duermen, y (¡YA!) les despierta una niña vecina que le arranca al hombre medio cuello de un bocado y el vecindario se ha convertido en un infierno. En su huida se va encontrando con los personajes con los que derivará, como es lógico siendo tal remake, en un centro comercial, donde se refugian y tratan de mantener una apariencia de normalidad mientras, afuera, los zombies campan a sus anchas. Hay conflictos, actitudes muy estúpidas como en toda buena peli de zombies, carnaza a tutiplén, y acción, sobre todo acción. Películas como esta hacen que uno salga empalmado del cine en busca de un adjetivo que no existe, pero que habría que demandar con urgencia a la RAE; no sé, roccosigfrediano, o nachovidalesco. Peliculón.

Braindead, 1992

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Vamos a poner el colofón a esta breve lista, que de tener diez mil folios a mi disposición aún se me quedaría corta, con el delirium supremus del por entonces recién descubierto talento de Peter Jackson, un jovenzuelo que ya se había pasado por el forro al mundo entero con su Mal gusto, y que se empleó a fondo —y con más fondos— para hacer una incursión en el género zombie tan bestia, tan bestia, que sólo con altas dosis de humor podría haber llegado a funcionar. He aquí una honrosa excepción a la Sequía Noventera (ya la pongo con mayúsculas, qué carajo), un ballet que tarda poco en convertirse en pogo, con un protagonista que trata de hacerse una vida, pero que no puede sustraerse a las mezquindades de su sobreprotectora madre. Por azares del destino, un mono rata de Sumatra la muerde, contagiándola de un virus maldito y convirtiéndola, después de pudrirla lentamente, en un voraz zombie, que como buen paciente cero, se encargará de extender la depravación durante una fiesta en su decadente mansión.

A partir de ahí, y hasta el final, la apoteosis del gore más absoluto, bien untado en un sentido del humor tan absurdo, tan Mortadelo, que uno la ve y no sabe si reír o potar, pero que sin duda alguna resultará en una honda satisfacción del fan más exigente. Delicioso ejemplo, también, de la estulticia de los distribuidores en España, a quienes se les ocurrió que la mejor forma de llamar a la peli era Tu madre se ha comido a mi perro, aberración premeditada por la que nadie ha pagado pena alguna de prisión, hasta donde yo sé. Debió de ser idea de alguien apellidado Borbón; no se me ocurre otra cosa.

Estas son mis recomendaciones de películas de zombies, al menos para empezar. ¿Que me he dejado doscientas películas buenas de zombies en el tintero? Lo sé. ¿Que hubiera debido meter esta, y no aquella? También lo sé. Pero cada una de estas, a su manera, define un rango del género. Re-Animator, Shaun of the Dead, Children shouldn`t play with dead things, Zombi, La Tierra de los muertos, El cementerio viviente… Ah, hay tantas películas abarrotadas de puntitos G sobre las que podríamos explayarnos…

En cuanto a las películas de zombies más recientes, pueden ser maravillosas, pero en el fondo son más de lo mismo, ninguna ha roto todavía lo establecido, aunque se puedan disfrutar como las que más. Y para quien se pregunte cómo es posible que no haya incluido en este listado la inmortal La noche de los muertos vivientes, que sepa que la considero maravillosa, pero no porque sea una metáfora de la realidad social que arguyó con su ecléctico dinamismo una dura crítica y supuso un cambio de inflexión en el statu quo del blablablablablá, blablablá, blablá…, sino porque salen zombies devorando intestinos.