Mejores películas dramáticas: Se me ha metido algo en el ojo

Prepara el sofá, la manta y los pañuelos: recomendaciones de películas dramáticas, por Emilio Núñez Guerrero.

Es inexplicable, pero es la verdad: nos gusta ver tragedia. Nos complacemos en lo que informalmente llamamos películas de llorar. A mí me encanta terminar una película con el corazón roto, maldiciendo al yo que dos horas antes decidió que era una gran idea contemplar un buen drama. Esa clase de masoquismo lo tenemos la gran mayoría de nosotros, porque admitámoslo: Dicaprio y Winslet son increíbles bellezones, pero Titanic no fue el blockbuster que fue por eso.

Mi teoría es que está en nuestra naturaleza: de vez en cuando necesitamos poner los pies en la tierra y nuestro subconsciente nos prohíbe seguir evitando realidades como la enfermedad, la pobreza o la muerte. Las buscamos porque tenemos que ser conscientes de que la vida no es solo color de rosa para empezar a aceptarla con todas sus gamas, tonos y matices. Las películas de drama más vistas lo son porque muchas de ellas te hacen salir de la sala del cine valorando, mucho más que antes, hasta la moqueta que pisas.

Así que hoy vengo a ofreceros varias recomendaciones de películas dramáticas, de esas que acabamos con lágrimas en los ojos pero sintiéndolas como una experiencia preciosa. Espero que os guste, y perdón de antemano por lo “intensito” que me voy a poner.

La vida es bella de Roberto Benigni o la historia de un payaso en el holocausto nazi, 1999

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Empezamos esta selección de mejores películas dramáticas con una imprescindible, con el clásico que no podía faltar. Porque antes de que El niño con el pijama de rayas nos hiciera llorar a todos, otro niño ya nos partió el corazón en La vida es bella, la mejor película de drama de los años 90.

Ambientada en la II Guerra Mundial, esta joya del cine italiano, dirigida y protagonizada por Roberto Benigni, nos habla de uno de los episodios más dramáticos de la historia de la humanidad desde la ternura de un inocente: un niño que aprende a burlar la muerte como si de un juego se tratase, gracias a su padre. Ver la Vida es bella es llorar por la desgracia pero sonreír como se sonríe al ver la simpatía de un párvulo.

Creo que, desde que apareció esta obra, estamos un poquito menos asustados. Sabemos de cuánto mal somos capaces, pero también sabemos de cuánto bien. Y es que incluso en las peores situaciones, prevalecerán las personas que escojan su faceta de padres, hijos, hermanos o amantes, antes que de enemigos. Y todo por la maldita escena de “buenos días, princesa, he soñado toda la noche contigo”.

Belleza oculta de David Frankel o las luchas internas de los mayores triunfadores, 2016

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Antes de ver esta película ya supe que me iba a enamorar. No solo por su reparto de excepción, sino también por su premisa: un hombre que no sabe superar la pérdida de su hija y hace de su vida un pasar de días sin sentido recibe las respuestas a unas cartas que había escrito a la Muerte, al Amor y al Tiempo.

Merece la pena porque nos recuerda que Will Smith es de los mejores padrazos del cine –como ya demostraba en En busca de la felicidad– y porque nos hace disfrutar de una Keira Knightley maravillosa enfundada en un personaje más maravilloso aún. Y porque completan el cast figuras como Helen Mirren, Kate Winslet y Edward Norton. Lo dicho: reparto de excepción, cada uno con su trama particular: la lucha interna que viven.

Pero sobre todo, Belleza oculta merece la pena por su mensaje, pues esta película ahonda no solo en la muerte, sino también en la falta de vida: el luto y, lo que me sorprendió mucho, en los “daños colaterales” del luto. En el dolor de aquellos que se preocupan por ti. Incluso en la culpabilidad de aquellos que pasan página a sabiendas de que tú no lo haces. Ante todo, esta película me conquistó porque enseña que, en todo daño colateral, existe una belleza también colateral, una belleza oculta: algo que aprender, algo que ganar, y algo por lo que luchar.

Manchester frente al mar de Kenneth Lonergan o como reagrupar los pedazos de ti en un pequeño pueblo, 2016

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Rememorando películas dramáticas recientes que realmente me hayan dejado ese regusto agridulce que siento cuando disfruto un filme y a la vez me duele, el cartel de Manchester frente al mar se coló en mis pensamientos casi al instante.

Esta película protagonizada Casey Affleck es, como la anterior recomendación, del luto y la pérdida, pero destaca por la relación tan humana que se establece entre los personajes. El cuidado, la culpabilidad, el rencor, el perdón… en definitiva, todos los sentimientos que pueden resucitar o pudrir una relación tras el paso de una tragedia se dan cita en 135 minutos, y se hacen patente en el llanto de una sensacional Michelle Williams. Pero es el personaje de Lucas Hedges –también sensacional- lo que, con diferencia, más me gustó. Como estudiante de teatro aficionado, mataría por interpretar a ese adolescente a ratos insensible y a ratos excesivamente emocional. El guion es una maravilla -los Óscars me dieron la razón en este aspecto- y, aunque prima la crudeza en esta obra, hay lugar para toques de humor que la hacen completamente redonda. Probablemente la mejor película dramática de 2016, recomendadísima.

Siempre Alice de Richard Glatzer y Wash Westmoreland o la verdadera historia del Alzhéimer, 2014

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Esta película es un análisis de los paulatinos estragos del alzhéimer tras serle diagnosticado a una mujer joven, Alice. Nada puede salir mal si la película la protagoniza la divina Julianne Moore, que, gracias a esta interpretación, se llevó a casa la estatuilla que la Academia llevaba años debiéndole. Pero si, además, ponemos de secundaria a la enamora-vampiros reconvertida en princesa de lo indie, Kristen Stewart, añadiéndole así personalidad al cast, la cosa mejora. Pero no solo su reparto brilla, pues este filme merece la pena por todo lo que ocurre en él cada minuto de metraje.

Vivimos desinformados acerca de qué es el alzhéimer, cuáles son las fases por las que pasa su víctima, si es una enfermedad ligada a la vejez y cómo es vivida por los familiares y amigos del enfermo. Esta película invita a la reflexión, ¿quiénes somos sin recuerdos? ¿Perdemos nuestra identidad al perder lo recordado, o la conservamos mientras nos recuerden los demás? ¿Tiene sentido planificar nuestra vida? Con crudeza pero sutilidad, sin regodearse en los detalles más escabrosos del alzhéimer pero sin obviarlos, vemos cómo la perfecta vida de una mujer culta, con éxito y estabilidad, se paraliza y ella comienza un proceso de decrecimiento: va perdiendo el control, la autonomía, la independencia… pero, de alguna forma, sigue siendo Alice, siempre Alice.

Una película para sufrirla. Tuve que parar alguna que otra escena, cierto. Por pura pena, lo admito. Para digerir lo visto y airearme unos minutos. Sin embargo, estoy buscando el momento idóneo para volver a verla. No os diré mucho, pero hay una escena avanzado el filme en la que Alice da un discurso… y bueno, solo diré que, para mí, es de las mejores escenas de la historia del cine.

Verano 1993 de Carla Simón o la autobiografía de una niña traviesa, 2017

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No podía faltar el producto nacional. Y mucho menos si es de firma femenina ahora que está en auge la lucha por la igualdad de la mujer en la industria del cine. Aunque había pensado, cumpliendo los mismos requisitos, hablaros de Isabel Coixet –muy recomendada para agotar kleenex también-, me he decantado por esta joya. Y es que muchos ya la nombran como la mejor película dramática española o el mejor estreno español de 2017.

A modo de autobiografía de su directora, esta película nos cuenta la historia de Frida, una niña que pierde a su madre y es adoptada por sus tíos. En ese verano de 1993, deberá despedirse de su día a día y adecuarse a su nueva familia y hogar.

Que esta película esté protagonizada por una niña (y qué niña, le vaticino una trayectoria profesional inmensa) es un hecho que actúa de “colchón”, aportando ternura a la historia de tal forma que quizá no la reconozcamos como un drama propiamente dicho. Lo admito: seguramente no lloréis durante la hora y media que dura. Pero no podemos olvidar, aun así, que habla de la pérdida y del proceso de cambio, adaptación y habituación que deben vivir tanto la adoptada como quienes le adoptan. Y eso no es una situación fácil. Es la obra más costumbrista que os encontráis en este artículo, pero a pesar de ser tan sencilla, todo en ella es tan cercano que no pude evitar el nudo en el estómago en todo momento. Sentía la culpabilidad en las trastadas de Frida como si fueran mis trastadas y su confusión como si fuera la mía.

Qué puedo decir, me encantó: chapó ante ese reparto tan desconocido pero con tanto talento, ante que la directora decidiese rodar con el lenguaje de su infancia (catalán) sin entrar en debates políticos y ante la sensibilidad de la escena final de esta opera prima.

El olivo de Icíar Bollaín o cómo hablar de familia y ecología a la vez, 2016mejor-peli-drama

¡Voilà! De nuevo, obra española firmada por una mujer, pero esta vez no ha sido premeditado, lo juro. Prometo que no conocía quién la dirigía antes de haberlo buscado para escribir el artículo. Lo que sí conocía, y muy bien, era la película. La vi hace unos meses y, desde entonces, la tengo en mi ranking de las historias más humanas que me he encontrado. No puedo hablaros de películas dramáticas buenas sin nombrar esta.

Esta es la historia de Alma, interpretada por Anna Castillo –en mi opinión, una de las nuevas actrices más inspiradoras del panorama nacional-, y de su abuelo Ramón. Alma, impulsada por el amor que le une a este, quien ha dejado de comer y de hablar, va en busca del olivo con el que tantos recuerdos comparten ambos y que su padre vendió.

¿Necesitáis un poco más de convicción? A una malhablada Anna Castillo se une un también bastante malhablado Javier Gutiérrez, que hace de su tío.

Una reflexión sobre la familia y la naturaleza. Un mensaje que habla a los más jóvenes de cuidar a los más ancianos y de preservar la naturaleza que tanto puede aportarnos. Pero también de la importancia de mantener unas relaciones familiares limpias y de luchar por lo que uno sabe que es correcto. Al final de la película no podrás evitar desear ser un poco más rebelde. Porque ser rebelde por amor es pertenecer al bando de los buenos en las causas justas.

La chica danesa de Tom Hooper o mujeres haciendo historia, 2015

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En este artículo he intentado tocar todos los palos en cuanto a películas para llorar. He intentado responder qué película dramática es mejor y he descubierto que es imposible escoger solo una porque hay mucho y muy bueno en este género, así que he intentado hacer una selección con películas que en contenido y forma distan bastante las una de las otras. Pero he de admitir algo: esta es la única película que tuve claro desde el primer momento en que se me dio la oportunidad de escribir este artículo que iba a estar en él.

¿Por qué? Porque este biopic de Lili Elbe, la primera mujer transgénero en someterse a una cirugía de reasignación de sexo, es una experiencia preciosa. De forma pausada el espectador va contemplando la metamorfosis de unos personajes en su verdadero yo. Y no hablamos solo del protagonista -magistralmente interpretado por el todoterreno Eddie Redmayne- y su operación, sino también del proceso psicológico que vive el personaje a cargo de Alicia Vikander. Todo en el personaje de Gerda, mujer de Einar, es totalmente realista: las fases por las que pasa tras ser consciente de la realidad de su marido (desde la confusión y el miedo, al apoyo), las relaciones que entabla con el resto de personajes y las lágrimas que recorren sus mejillas en ciertas escenas. Declaro a Vikander como una de las reinas del llanto de Hollywood. En general, la humanidad que desprende en todo el filme me fascinó.

En esta película también se encuentra la perfección técnica: interpretaciones de lujo, guion maravilloso, el ritmo correcto e imágenes la mar de bonitas. Pero ¿qué es eso sin puro sentimiento? Y eso es lo que me hace hablaros de esta película: sentimientos a flor de piel durante todo el metraje. Y es que la pasión de Einar por Lili y su anhelo de convertirse en ella, convierten La chica danesa en el biopic estrella de este siglo y en todo un rompecorazones.

Espero que le deis una oportunidad a todas estas obras y las disfrutéis como yo lo hice. Eso sí, no os hagáis un maratón con todas o no os llegará el sueldo para tantos pañuelos.

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