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Las mejores películas bélicas: ¡Una sola sacudida soldados!, dos ya es paja

La historia de la humanidad está plagada de conflictos armados tras los cuales encontramos un complejo desarrollo de los acontecimientos en los que se mezclan intereses políticos, económicos, ideológicos e incluso religiosos. Dicho esto, es inevitable que algunos de esos conflictos y todo lo que hay tras ellos no acaben enmarcados en la gran pantalla. Mención especial a los tres grandes conflictos que protagonizaron el siglo pasado: la Primera y Segunda Guerra Mundial y, de un modo silencioso, la Guerra Fría; los tres son conflictos cuya documentación es abrumadora gracias a que son relativamente recientes y aún el mundo se resiente de sus secuelas.

Hagamos pues un repaso acerca de cuáles son, en mi humilde y por supuesto sesgada opinión, algunas de las mejores películas bélicas de todos los tiempos:

La Delgada Línea Roja, 1998. Una de las mejores películas de guerra

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Adaptación del director Terrence Malick de la novela de James Jones, sobre soldados estadounidenses en Guadalcanal.

https://youtu.be/Yq5q_GqxN-4

La Delgada Línea Roja (Terence Malick, 1998) es posiblemente una de las mejores películas bélicas de la historia; sin embargo, la fecha en la que se estrenó le hizo más mal que bien. 1998 fue el año en el que se estrenó Salvar al Soldado Ryan; y dado que ambos filmes estaban enmarcados en la Segunda Guerrra Mundial, las comparaciones eran inevitables. Independientemente de eso, una película con la firma de Steven Spielberg vende más que una película firmada por Terence Malick; y aunque éste último llevaba cerca de veinte años sin ponerse detrás de las cámaras y su regreso era un bombazo sonadísimo, no fue suficiente para llevarse el gato al agua en taquilla y premios.

La película estaba basada en la novela homónima de James Jones y recreaba la historia de las tropas norteamericanas durante la Batalla de Guadalcanal durante la Segunda guerra Mundial. El filme nos mostraba dos peculiaridades que la hacían destacar: el protagonismo coral de sus personajes, por un lado; y que no veremos ni una sola gota de sangre durante todo el metraje, por otro (lo que no implica ausencia de escenas de guerra).

Aunque el protagonismo es coral, el motor de la trama lo lleva el soldado Witt (interpretado por James Caviezel. Ese personaje conductor hace de pivote para conocer al resto del elenco; de los cuáles, unos se mueven por motivaciones personales (en el caso de los personajes de Nick Nolte y John Travolta) y otros se ven envuletos en dilemas morales que surgen como resultado de las acciones bélicas (caso de los personajes de Elias Koteas y John Cusack.

Esta malgama de historias entrelazadas, posee como telón de fondo el contraste de los escenarios de la batalla con las hermosísimas imágenes en la selva tropical y lo ajenos que se muestran sus habitantes con respecto al conflicto armado. El mensaje resultante podría ser hay un mundo hermoso y puro detrás de tanta guerra, falta de entendimiento humano y necesidad de ostentar una artificiosa sensación de poder al someter al prójimo; el mensaje es sencillo pero efectivo.

Reparto de lujo plagado de estrellas, director de lujo que regresaba con más fuerza que nunca, banda sonora inovidable de Hans Zimmer … ¿Qué falló pues en La Delgada Línea Roja para que no alcanzase el éxito de su prima-hermana Salvar al soldado Ryan? Muy posiblemente la falta de decisión de Malick. El director había filmado suficiente material como para hacer varias películas con el mismo escenario pero desde el punto de vista de cada uno de sus personajes; es posible que al querer engarzar todos esos puntos de vista, éstos se anulasen entre sí. Además, el montaje original era muchísimo más largo que el que se estrenó en las salas, de modo que hubo muchas subtramas que apenas pudieron ser desarrolladas… de hecho, el papel de George Clooney, quedó en un simple cameo después de que la película pasase por la sala de montaje.

Aún así, el filme se convirtió en una de las mejores películas de guerra del año 1998 y nominada a siete estatuillas de la Academia.

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La chaqueta metálica, 1988, para mí la mejor película bélica de los ochenta

Un infante de marina y sus compañeros se enfrentan al entrenamiento básico bajo la guía de un sargento sádico y pelean en la ofensiva Tet de 1968.

En 1987 el siempre genial Stanley Kubrick usaba, según él, la guerra de Vietnam como pretexto para para dar una cara muy oscura del alma humana. Para ello se sirvió de la novela Un chaleco de acero, de Gustav Hasford, para versionar lo que posiblemente sea la mejor película de guerra de los ochenta. Y eso que el propio Kubrick reconoció que el tema de la película es lo que menos le interesaba (de ahí que para él fuese sólo un pretexto para lo que realmente quería contar).

Los años 80 fueron una década donde las películas de guerra estaban de moda; no en vano, durante esa década, se filmaron algunas de las mejores películas bélicas. Aunque la idea de hacer una película de la guerra de Vietnam ya le rondaba por la cabeza al bueno de Stanley a finales de los 70; quiso dejar pasar algunos años para que el gran éxito bélico del momento, Apocalipsis Now (Francis Ford Coppola, 1979), no opacase cualquier película de guerra que se propusiese hacer el director neoyorkino (en su lugar optó por dirigir otra gran obra maestra, esta vez del género de terror; El Resplandor, basada en la novela de Stephen King y estrenada en 1980). No fue entonces hasta mediados de los 80 cuando Kubrick no saltó a la palestra con el inmenso proyecto de La chaqueta metálica.

La película está dividida en dos partes muy bien diferenciadas: una primera parte que muestra (literalmente) los horrores de la instrucción de una serie de hombres que van a ser enviados al frente; y una segunda parte que viene a ser como otra película en la que se nos muestra (literalmente) los horrores propios del frente armado. Sin embargo, estos horrores no vienen representados únicamente por escenas sangrientas que muestran la crueldad del conflicto; sino que el horror principal viene encarnado por unos personajes que parecen embrutecerse y deshumanizarse ante algo tan horrible como la guerra. Quizá Kubrick quería hacer hincapié en las terribles secuelas psicológicas que una guerra puede llegar a desencadenar.

El resultado es una historia cruda y desgarradora mostrada como en dos episodios donde lo más oscuro del ser humano se ve representado de manera magistral. Sin duda, La chaqueta metálica es una de las mejores películas bélicas de todos los tiempos cuyo visionado no tiene fecha de caducidad aún habiendo cumplido ya 30 años.

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Salvar al Soldado Ryan, 1998

Historia épica de la II Guerra Mundial dirigida por Steven Spielberg sobre soldados americanos buscando a un compañero perdido.

Es posible que los 27 primeros minutos de Salvar al soldado Ryan pasen a los anales de la historia del cine bélico por lo descarnado, realista e intenso de la secuencia; ni siquiera las más recientes películas bélicas han conseguido transmitir esa cruda visión de la guerra que sí logra esta película de 1998.

Dirigida por el incansable Steven Spielberg, la película se centra en uno de los capítulos más relevantes de la historia: el desembarco de Normandía o Día D. El 6 de junio de 1944, comenzaba la llamada operación Overlord; cuyo objetivo por parte de los aliados era desembarcar en las playas de Normandía y abrir un nuevo frente en Europa Occidental para contrarrestar el dominio alemán en el continente. Ésta maniobra, permitió que las tropas aliadas pudiesen adentrarse en las costas francesas y dar pie a la liberación de puntos claves de la Europa ocupada por el Reich.

Sin embargo, la película hace zoom en lo que se convierte en el motor de la trama haciendo que el filme no quede en una simple recreación de asalto de la playa de Omaha: El grupo protagonista, formado por siete valientes soldados, decide partir en busca de un paracaidista que ha desaparecido y cuyos tres hermanos ya han fallecido en acción de guerra.

Y he ahí el detalle que hace de este título una de las mejores películas de guerra de 1998: Con un telón de fondo tan horroroso como la Segunda Guerra Mundial, ese grupo de soldados arriesgan su vida por algo más noble que cualquier victoria militar que se precie; salvar la vida de otro ser humano.

A Robert Rodat, el guionista del filme, le vino esta idea a la cabeza cuando supo de la existencia de un monumento dedicado a ocho hermanos que perdieron la vida durante la Guerra de Secesión Americana. Es indudable que una guerra deja heridas muy profundas en la conciencia, y Rodat quiso trasladar esa idea a una historia basada en la Segunda Guerra Mundial.

Salvar al soldado Ryan toma prestadas algunos conceptos de La chaqueta metálica y de Apocalipsis Now y los hace suyos, dando como resultado una de las películas bélicas más vistas y más famosas del género. No en vano, fue ganadora de cinco Óscar de la Academia incluyendo el de Mejor Película.

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Banderas de nuestros Padres y Cartas desde Iwo Jima, 2006

Historia basada en la terrible Batalla de Iwo Jima entre el bando aliado estadounidense y el bando imperial japonés durante la Segunda Guerra Mundial que Clint Eastwood rodó en dos memorables películas

Banderas de Nuestros Padres:

Cartas desde Iwo Jima:

https://youtu.be/jVwjRC6Ncto

En el año 2006, el veterano cineasta Clint Eastwood estrenaba una gran obra maestra que es a día de hoy una de las mejores películas de guerra de todos los tiempos… o más bien, dos de las mejores películas de guerra de todos los tiempos.

El planteamiento de Eastwood es magistral: mostrar la crueldad de una de las más sangrientas contiendas de la Segunda Guerra Mundial, la Batalla de Iwo Jima, desde el punto de vista de los dos bandos involucrados; por un lado, el bando aliado norteamericano; y, por otro lado, el bando japonés que simpatizaba con el Tercer Reich. Para ello, Eastwood decidió dedicar un largometraje entero a cada punto de vista, dando como resultado dos filmes magistrales del género bélico.

La mejor forma de hacer referencia a Banderas de Nuestros Padres y a Caras desdo Iwo Jima, es contemplando la inmortal fotografía de Joe Rosenthal en la que varios soldados aliados norteamericanos levantan la bandera de Estados Unidos sobre la isla de Iwo Jima y que puso fin a la participación del imperio japonés en la Segunda Guerra mundial (fotografía que sirvió como cartel para el filme Banderas de Nuestros Padres), sin perder de vista que en dicho enfrentamiento se produjeron cerca de 50.000 bajas por parte ambos bandos.

Es imposible hablar de buenos y malos cuando se habla de esa gran cantidad de víctimas mortales y eso es precisamente lo que Eastwood quería: dejar ver al espectador que los héroes de aquella batalla no eran tan héroes y que los villanos no eran tan villanos; el auténtico horror reside en el acto deshumanizador que desemboca en que haya hombres matando a otros hombres.

Ambas películas se deshacen del elemento ideológico-político para mostrarnos lo más importante: el factor humano.

Vistas como en su conjunto, ambos metrajes son dos de la mejores películas bélicas actuales que invitan al espectador a aprender una auténtica lección de cine, de historia y de humanidad.

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Apocalypse Now, 1979. Película bélica en estado Salvaje

Controvertida historia sobre la misión de un capitán del ejército de encontrar y matar a un oficial renegado en Camboya.

La gran obra maestra de Francis Ford Coppola de 1979 (con permiso de la saga de El Padrino), consagró al famoso director como uno de los genios más destacados del séptimo arte e hizo que, a finales de los setenta, el mismísimo Stanley Kubirck reculase con su idea de sumergirse en el género bélico ambientado en la guerra de Vietnam ante la posibilidad de salir perdedor en una posible comparativa de títulos frente al genio Coppola (Kubrick llevo a cabo sus planes con La Chaqueta Metálica unos ocho años más tarde).

Apocalypse Now se basa en la novela de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas trasladando la acción de la África de finales del XIX a un conflicto más actual durante los 70 y 80: la guerra de Vietnam.

La película es una las más famosas del cine bélico porque ahonda de manera existencial en aquello en lo que puede llegar a convertirse el ser humano en un escenario tan desolador como la guerra: El protagonista, Willard (Martin Sheen), es enviado para poner fin a las operaciones del enloquecido coronel Kurtz (Marlon Brando); sin embargo, otra lectura sería que a Willard se le pide que sea un asesino extraoficialmente y elimine a un alto mando que se ha alzado como una especie de semidiós venerado entre los indígenas. Como espectadores sacamos la conclusión de que la guerra transforma a los hombres en demonios una vez han cruzado los límites de la moralidad y la cordura.

Una de las mayores virtudes del filme es como en ese viaje a la locura, que es lento pero progresivo; los personajes parecen adentrarse en un mundo poblado por escenarios cada vez más irreales y oníricamente macabros, hasta adentrarse en un universo simbólico y casi filosófico que parece sacado de La rama dorada de Frazer.

Apocalypse Now es una de las mejores recomendaciones de cine bélico y una de las mejores historias jamás escritas.

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La Gran Evasión, 1963

En 1944, oficiales ingleses y estadounidenses trabajaron durante un año para planear y ejecutar una fuga masiva de un campo de prisioneros nazi.

Vamos a apartarnos un poco de aquellas películas bélicas que llevan a una reflexión profunda acerca del horror de la guerra y nos vamos a sumergir en un título que presta más atención a la épica y a la emoción más propia del cine de espionaje. Y es que si hablamos de épica, no podemos dejar de lado al filme de 1963 La Gran Evasión.

La película está basada en el libro homónimo de Paul Brickhill de 1944 y recrea los hechos acontecidos en el campo de prisioneros de máxima seguridad Stalag Luft III; donde los alemanes del Tercer Reich decidieron agrupar a los prisioneros aliados más peligrosos.

La película es muy básica pero efectiva: tenemos a un villano, el coronel alemán Von Luger (interpretado por Hannes Messemer); a un grupo de héroes aliados, entre los que destacan el comandante aliado, y cerebro del plan de huída, Roger Barlett (Sir Richard Attenborough) y, como no, el héroe de la función: el capitán Virgil Hilts (Steve McQueen). Por último, está el verdadero alma de la película: que es el plan de huída de los prisioneros aliados del Stalag Luft III. Con estos tres elementos, tenemos todo lo necesario para tener una excelente película de guerra, de aventuras y de emocionantes secuencias que le dejan a uno pegado a la pantalla.

Quizá hoy en día haya películas de acción y espionaje que parezcan superiores a La Gran Evasión; pero para la memoria quedan las emocionantes secuencias en las que el grupo aliado construye el túnel de escape en secreto y aquella en la que Steve MacQueen protagoniza una genial e inolvidable persecución conduciendo una motocicleta.

El resultado final es un auténtico deleite que emana ese encanto añejo aventurero de las películas de acción de los años 60. Es más, aún teniendo la Segunda Guerra Mundial como simple pretexto; La Gran Evasión es una de las películas bélicas más famosas y todo un referente. Ah, y cuenta con una inolvidable banda sonora.

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Los doce del patíbulo, 1967. Película viejuna sobre guerra

Un alto mando del ejército estadounidense selecciona y entrena a 12 criminales peligrosos para hacer una incursión en una fortaleza nazi.

Dirigida por Robert Aldritch en 1967, el filme se basa en la novela Filthy Thirteen del escritor Erwin Nathanson. Podría decirse que es una película de antihéroes, ya que la historia se centra en la tarea que se le encomienda al mayor Reisman (Lee Marvin) para llevar a cabo una misión suicida que consiste en infiltrar a un grupo de soldados en una mansión repleta de oficiales del ejército alemán en Rennes (Francia), volarla por los aires y salir airoso e ileso si es posible. Para esa descabellada misión suicida, Reisman decide reclutar a un grupo de sobresalientes soldados de entre los más peligrosos reclusos, varios de ellos condenados a muerte… ya que es una misión suicida, mejor ellos que nadie.

Este punto de partida de la historia (que puede ser cuestionado a nivel de guión; ya que algunas películas como El Escuadrón Suicida se sirven del mismo planteamiento, pero fracasan estrepitosamente en su desarrollo) era el punto fuerte para introducir a un magistral elenco encabezado por Charles Bronson, Telly Savalas y Donald Sutherlan entre otros: imposible encontrar unos antihéroes mejores.

¿Cuál es el atractivo del filme? Igual que sucede con La Gran Evasión, estamos ante un rodaje que toma el tema bélico (en este caso la Segunda Guerra Mundial) como pretexto para desarrollar la trama: estamos ante una película que se centra en cómo evolucionan esos peligrosos antihéroes y en cómo se las apañan para infiltrarse en el alto mando alemán; es decir, es una película de aventuras añejas de los 60 con ciertos matices de espionaje… y muy bien llevada a término.

Robert Aldritch fue una elección perfecta para orquestar la función, ya que era todo un experto en dirigir westerns de aventuras (Apache, Veracruz…) y ese toque aventurero y épico era lo que más precisaba una historia como Los Doce del Patíbulo.

Sin embargo, lo que destaca del filme es como Reisman va ganándose poco a poco la confianza de su pelotón y cómo éstos van aprendiendo a actuar como equipo; hasta tal punto que cuando están en plena operación ven que llevarla a cabo con éxito es lo único que les queda en la vida; su única manera de alcanzar la redención. Muy probablemente, el mensaje del largometraje sea que los buenos soldados, las buenas personas, lo siguen siendo a pesar de los errores que hayan podido cometer.

Los Doce del Patíbulo (Dirty Dozen es el título original) es una de las películas bélicas más famosas y más entretenidas del séptimo arte. Un clásico que consiguió ganar el Óscar los mejores efectos de sonido y nominada a mejor actor de reparto (John Cassavetes).

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