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Mejores películas; Lo mejor de lo mejor de la historia del cine

Cuando uno se propone hacer un listado sobre las mejores películas y piensa, los primeros diez minutos, que todo va a ir sobre ruedas, se da tal BOFETÓN de realidad en el minuto once que las “guantás de padre” quedan en una sutil caricia. En el antes, durante y después, es una lista móvil, inquieta, imposible; pues las mejores películas de todos los tiempos son cientos, ¡miles!, no diez o doce, treinta o cincuenta. Por eso uno tiene que hacer un acto de contrición casi monacal y decidirse por una u otra sencillamente porque tiene que terminarla en algún momento, no porque, al fin y al cabo, esta o aquella que prevalece sea mejor o peor que esa otra que se quedó fuera.

Este mismo proyecto, hace un año, sería sutil —o totalmente— distinto, estoy seguro. Y mañana también. De modo que sí, vamos a ello: todas las películas que vas a ver a continuación son maravillas, sin duda, pero no más que muchas, y si hay alguna que no has visto, y no crees del todo que es tan buena película como dicen, puedes alquilártela con total confianza. Tan absorbentes todas que, más que celuloide, parecen hechas de celulosa.

Antes de empezar mi lista de las mejores películas de la historia que tienes que ver antes de morir, puedes también echar un vistazo a las diferentes listas por categorías que hemos preparado para ti.

 

Bohemian Rhapsody (2018)

“Un concierto no es una representación en directo del disco. Un concierto es una obra de teatro”. Freddie Mercury

Incluir esta película en esta lista puede parecer, a ojos de la mayoría, un sin sentido y casi una ofensa. ¿Comparar Bohemian Rhapsody con Benur? Sí. Supongo que algún privilegio he de permitirme por haber ideado todo esto. ¿No?

Acabo de salir del cine de ver la película sobre la vida de Freddy Mercury, o, como dirían muchos, la peli de los Queen. Ha sido un impacto tan grande, un despliegue tan hermoso de ingenio, pasión, ternura y belleza, que siento la necesidad de ponerla en esta lista de mejores películas que con tanta humildad hemos creado. Creo que Bohemian Rhapsody puede optar fácilmente para ganar un billete con destino a la eternidad y a la memoria colectiva, sí, lo mismito que la propia banda Queen. Creo que hacer una película que estuviera a la altura de la vida de Freddie Mercury y de su grupo de música no debía ser una tarea fácil, y me sorprende ver con la majestuosidad que han esculpido esa obra maestra. Es sencillamente perfecta de principio a fin, inexplicablemente buena, absurdamente bien hecha.

Frente a la pantalla han ocurrido dos cosas pocos habituales: Por un lado he sentido escalofríos y, por el otro, he tenido ese deseo que muy pocas veces nace cuando estás sentado en una butaca; “ojalá no se acabe nunca”.

Bohemian Rhapsody es la primera película que he visto en mi vida que te hace llorar, reír a carcajadas, reflexionar sobre el sentido de la vida y el amor y, además, motivarte a ser mejor en todo. Todo ello a partes iguales en dos horas y cuarenta minutos donde, créeme, no sobra nada ni se puede añadir nada.

Aunque parezca peculiar, sólo me queda dar las gracias.

La lista de Schindler (1993), para mí de las mejores películas sobre la segunda guerra mundial jamás hechas

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Spielberg. Ese TIPARRACO. No se me ocurren palabras para describir apropiadamente a este director. En 1993, con sus dinosaurios de Parque Jurásico en plena reconquista, cogió y se sacó de la manga la que es considerada por muchos la mejor película de la historia, con mayúscula y no sin razones. Se rumoreaba por aquel entonces que su nuevo proyecto iba a ser una historia intimista de nazis en blanco y negro, y muchos, yo entre ellos, nos creímos que iba a coger a los nazis de Indiana Jones y les iba a poner poco más que a pegar saltos y tiros a partes iguales. Y se estrenó, y uno entraba en la sala de cine con una cara, y esa cara se cambiaba para siempre. La historia nos habla de Oskar Schindler, un empresario sin escrúpulos que aprovecha los mecanismos de la guerra para amasar una inmensa fortuna. Bebedor, vividor y bien relacionado, tiene un epifánico momento (rojo y famoso) que le abre los ojos, hasta entonces oportunamente cerrados, y establece un plan para salvar, en pleno Holocausto, las vidas de los judíos que trabajan para él…, y más. Este plan lo arrastrará a la ruina terrenal, pero lo elevará a la gloria de los justos. Casi cada toma de la película es una obra maestra en sí, cada plano, cada escena, cada diálogo, cada nota de la imperecedera banda sonora de John Williams; la vida en el gueto, la sangre, las fiestas y la risa, el dolor, la muerte, todo se sucede con una chocante suavidad, con una brutal calma y unos actores que clavan sus respectivos roles. Terminarás de verla y te preguntarás cómo es posible que el ser humano haya podido llegar a tales extremos; después pondrás las noticias y se te habrá olvidado la pregunta.

El Padrino (1972), PELÍCULÓN DEL 15

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Francis Ford Coppola tomó la magnífica novela de Mario Puzo —famoso por ser el guionista de Supermán II, guiño, guiño, guiño— e hizo su crónica inmortal del ascenso al poder de Michael Corleone, desde un pasado que trata de evitar la empresilla familiar hasta su coronación como heredero del gran imperio del crimen de su padre, don Vito Corleone, un hombre hecho a sí mismo, como se vería en su no menos fascinante continuación. Nos presenta a todo el elenco principal en la memorable escena inicial de la boda de su hija, donde vemos enseguida cómo discurre la vida de una familia tan capaz de mostrar el máximo respeto a las tradiciones, como de orquestar las mayores barbaridades para mantener —y ampliar, cuando llegue el momento— su reinado de terror. Intriga, acción, amor, ambición, traición…, lo tiene todo. No sobra ni falta un solo segundo de metraje, ni una sola nota de la emblemática banda sonora.

Braveheart (1995), la mejor peli de Mel Gibson

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De vez en cuando los actores más inverosímiles toman los mandos y la lían, y es lo que hizo Mel Gibson con Braveheart. Bien conocido por protagonizar películas de acción de bastante renombre, hizo su segundo o tercer pinito en la dirección con una épica que narraba las hazañas de William Wallace, un escocés de humilde cuna que, harto de los excesos del rey inglés que los somete, organiza un movimiento de resistencia que encenderá, poco a poco, la mecha para una revolución, pasando de pequeñas escaramuzas a grandiosas guerras que ya no despertarán la sonrisa desdeñosa del oportunamente malvadísimo Longshanks, sino su alarma ante la que se le está viniendo encima. Hace Mel Gibson un retrato casi punto por punto del héroe arquetípico, desde su trauma infantil que lo lleva a la orfandad, su educación con su tío, su amor asesinado, sus dos amigos, su victoria, su caída, su renacimiento… y lo intercala con ciertas atenciones a la figura mesiánica de Jesucristo, ahí es nada; un cóctel digno de Ramón de Pitis, y sin embargo funciona a la perfección. ¿Cómo? Vedla y tampoco lo entenderéis, pero os hechizará. El malogrado James Horner se ocupa de la banda sonora, y es tan memorable como todo lo que le dio tiempo a producir.

Alguien voló sobre el nido del cuco (1975)

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Milos Forman es uno de esos directores que tiene en su haber pocas películas, pero todas son obras maestras. Aquí toma una novela, igualmente exquisita, de Ken Kesey, y nos presenta a un jeta de la vida, un bribonzuelo dicharachero de bajos vuelos que, por evitar pena de prisión, toma la decisión —terrible, como todas las que tomará durante su aventura— de hacerse el loco para cumplir la condena en un psiquiátrico, en un régimen, presupone, menos estricto que el penitenciario. El problema de McMurphy, interpretado por Jack Nicholson, es que en seguida se aburre de todo, así que se toma como reto personal tocarle las narices a la estricta, inflexible como barra de acero, enfermera Ratched, la mandamás del cotarro. Da comienzo así un pulso entre McMurphy y Ratched que va poco a poco tomando tintes más severos, con la interacción de un puñado de impresionantes actuaciones secundarias que consolidarían la carrera de unos cuantos grandes, hasta un apoteósico final en el que, en prevención de spoilers, no nos vamos a detener, pero que daría para varios análisis él solito. Las situaciones delirantes, el drama más absoluto y un patetismo cómico y cósmico que se desenvuelven bajo brillantes fluorescentes asépticos y una oscuridad humana aterradora, junto a una tonada de pausa india y aire mongólico, convierten esta película en uno de los mayores must see de toda la historia del celuloide.

Pulp Fiction (1994), de las mejores películas de John Travolta

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Un variopinto grupo de individuos, ninguno de ellos respetable padre de familia, se entremezclan en esta especie de compendio coral con criminales de poca y mucha monta. Es una sucesión continua de escenas sueltas que se van hilvanando, sin respetar —curiosamente, de manera muy acertada— el continuo espacio tiempo, en cuyo tejido irán confluyendo hasta conformar el entramado perfecto sólo al final del todo, en la misma escena de cierre que lo abría todo. Aquí Tarantino se muestra desatado y no se guarda nada apoteósico para momentos puntuales, sino que va rociando la película de pequeñas dosis de genialidad, lo que la convierte en una delicia, sea el minuto que sea. Como en todas sus películas, cuida la banda sonora en cada detalle, en este caso no compuesta sino birlada —entiéndase bien: birlada al mundo de la música— con descaro y al gusto. En Pulp Fiction todo es importante, todo es una chorrada; todos son protagonistas secundarios. Cómo consigue que cada hilo argumental sea tan adictivo como un buen chute, habría que preguntárselo a él; pero apuesto una cerveza bien fresquita, o una hamburguesa Big Kahuna, a que no respondería.

Sin Perdón (1992)

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El ocaso del mundo del lejano Oeste. Clint Eastwood, que por su dilatado currículum como actor sabía bien en qué terreno pisaba, toma todos los personajes que ha interpretado en las películas de vaqueros y nos pone en las botas de William Munny, un hombre casi anciano con un pasado turbulento que acepta, a regañadientes, un último y muy honroso encargo: vengar a una prostituta que no conoce de nada. Las circunstancias que lo llevan a ello son variadas, pero es un hombre callado; cada uno podemos llegar a una conclusión distinta. Quizá eche de menos aquel mundo violento en que se movió; quizá la prostituta le recuerde a una entrañable sobrina; quizá necesite la pasta. Junto a un antiguo compinche, tanto o más perdedor que él, y un muchacho ensoberbecido por sus propias limitaciones, se embarcará en un viaje de violencia que chocará con un muro tan férreo como él mismo: el escalofriante Little Bill Daggett, servidor de la ley siempre que le convenga. Un epílogo más que digno a un género sobrexplotado hasta la saciedad, que, aún hoy, da muestras de vitalidad, pero que difícilmente podrá ser superado.

Ben-Hur (1959)

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Una de esas superproducciones atemporales que se estrenaban a bombazo y platillazo con el elenco de las grandes glorias del momento. El director William Wyler tomó la novela homónima de Lee Wallace para recrear la historia de Judá Ben-Hur (Charlton Pumpum Heston), un judío rico en tiempos de la ocupación romana de Judea en el año 30. Los azares del destino hacen que el mismísimo Jesucristo le dé un poco de agua, lo cual será a partes iguales su salvación y su condena, iniciándole en un camino de penas y glorias que sólo tocará a su fin con la muerte de aquel que, una vez, trató de calmar su sed. La película mezcla magistralmente el drama, la acción, la pompa de diversas civilizaciones, la venganza, el amor, en ese tono anaranjado y glorioso de los estrenos de la Metro en los años postreros, pero aún dorados, del Hollywood más rimbombante. Es fácilmente accesible para darle un buen visionado, porque si un año no se repone en Semana Santa en la televisión, significará que ya nada importa porque estaremos todos muertos.

Amadeus (1984)

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De nuevo Milos Forman; y lo curioso del asunto es que mucha gente apenas ha oído hablar de él, posiblemente debido a lo que mencionaba antes: su producción es —por desgracia— bastante limitada. Se enfoca en esta ocasión en la vida y obra del mismísimo Wolfgang Amadeus Mozart, narrada desde un asilo infecto por su rival, su archienemigo Antonio Salieri. Ya el planteamiento del argumento resulta chocante e hilarante: Salieri odió toda su vida —según la película: al parecer no fue ni mucho menos así— al joven Mozart debido a su desmesurada genialidad, mientras este, ajeno a intrigas y envidias, lo tuvo como amigo sincero y honesto hasta el punto de permitirle transcribir su gran Requiem desde su lecho de muerte. La música, por supuesto, acompaña todo el metraje como una buena amiga, una amante necesaria del guión lleno de humor, drama y amargura a partes iguales. Muy posiblemente exagerada en absolutamente todo lo que narra, la película es una forma deliciosa de adentrarse en ese misterioso mundo de la música clásica y de la figura del genio, y si comete alguna imprecisión, histórica o biográfica, bien… ¿quién no lo hace de vez en cuando?

Tiburón (1975)

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En 1975 Spielberg dirigió su primer gran bombazo cinematográfico y una de las mejores películas en su haber, imitada hasta la saciedad hasta el día de hoy y, sin ninguna duda, nunca superada. No ha pasado el tiempo para esta película; incluso su secuela directa parece una antigualla a su lado. Acompañamos al jefe de la policía de un pueblecito costero en la caza y captura de una bestia aterradora; y cuando digo aterradora, pienso en que, como yo, millones de personas empezamos a sentirnos inquietos a dos metros de la orilla cuando nos damos un chapuzón en el mar. Acompañado de un experimentado pescador y un científico, partirán a por el escualo mientras el alcalde de la ciudad, que debe de ser un tipo muy gracioso en la intimidad, decide que el festival del verano va a celebrarse por sus santas florituras, carnicero acuático de por medio o no. No hay una sola escena que no ponga los pelos de punta, al ritmo de la tan mítica como escalofriante música de John Williams; y sin efectos digitales de por medio, cuando había que currarse las cosas sí o sí, el tiburón queda para la posteridad como la bestia mejor modelada de todos los tiempos. Échale un vistazo… si tienes florituras.

Nosferatu (1922), la mejor película de vampiros

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En los albores del cine, cuando casi tenía más de ciencia que de arte, el alemán F. W. Murnau tomó la novela Drácula, de Bram Stoker, e hizo su particular versión de la historia y la rodó con sus trípodes, sus cachivaches y toda la jeta que pudo echarle sin pagar los derechos correspondientes (lo cual casi le costó la existencia misma a las pocas copias que existían de la película). Con un par de modificaciones en el argumento, los nombres (el conde Orlok, maldita sea) y en las localizaciones, creó la que es, posiblemente, la película más terrorífica de la historia, y todo gracias a la imponente presencia de Max Schreck, poblador de pesadillas desde entonces, mil veces imitado y nunca igualado. Encuéntratelo de noche en un callejón, tú, listillo. El hecho de que se trate de una película muda no lastra para nada su visionado en estos tiempos que corren, con los rótulos oportunos; he visto películas de 2003 que han envejecido peor que esta. Dio el pistoletazo de salida para el género del horror sobrenatural, aunque ya había un par de precedentes relativamente importantes, e inmortalizó la figura del vampiro más famoso de todos los tiempos, el personaje que ostenta el récord de haber sido llevado más veces a la pantalla en toda la historia del cine. Aunque a este paso, como sigan sacando secuelas de Fast and Furious, Vin Diesel lo desbanca. Sin despeinarse.

Terminator 2 (1991), la mejor película futurista

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James Cameron se ocupó de dirigir la secuela de su bienvenido exitazo de 1984 Terminator, y para ello se armó de todo lo que tenía en la recámara (pasta a raudales y gasolina, mucha gasolina). Se acerca el momento del despertar de Skynet, previsto para 1997, y Sarah Connor, con su hijo ya adolescente y bastante insoportable (buenas dos galletas le daba), recibe la visita de un engendro de metal líquido cuyo único objetivo en su imparable ruta es la aniquilación del chaval. Por fortuna, la resistencia del futuro consigue enviar en el tiempo un armazón del T-800, el azote de la primera película, pero modificado con la bibliografía completa de la señorita Pepis en su cerebro de aceituna, para protegerlo, para dar la vida por él. ¿Qué podría decir de esta película que no se haya dicho ya? Acción sin pausa, escenas tiernas, efectos especiales de órdago, explosiones, motos, armas, explosiones, camiones, explosiones, drama, explosiones… Ah, y explosiones.

PD. En realidad no hay tantas explosiones, pero como la que hay se llevó el récord de la explosión más bestia jamás filmada, pues la repartimos y todos contentos.

Cadena Perpetua (1994), la mejor película de Morgan Freeman

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Frank Darabont, con el relato de esta historia, se erigió en su día como el mejor adaptador de obras de Stephen King, récord que, muy honrosamente, ostentaba hasta entonces Rob Reiner (Misery, Cuenta Conmigo; también cabrían aquí). Se narran las desventuras de Andy Dufresne, un abogado que acaba dando con sus huesos en la plácida por fuera, terrible por dentro, prisión de Shawshank, donde debe cumplir cadena perpetua por un crimen que no ha cometido. Comprende enseguida que, si quiere sobrevivir, debe adaptarse al estricto régimen carcelario, y para ello debe llamar la atención lo menos posible; aunque le resultará difícil debido a sus circunstancias particulares: es un tío guapo y es extremadamente inteligente. ¿Qué hace un hombre con cincuenta, sesenta años por delante y tan poco que hacer? Con el tormento de los deliciosamente interpretados alcaide (Bob Gunton) y jefe de los guardias (Clancy Brown) sobre su cabeza, idea bien pronto un plan que llevará a cabo desde casi su ingreso mismo hasta un apoteósico final, en el que entenderemos todo el mecanismo que el hombre había puesto en marcha así, como era él: a la chita callando. Algo tramposo, pero el resultado es una de las mejores películas de todos los tiempos. Mejor que el libro y eso no es decir poco, y me batiré con todo aquel que afirme lo contrario.

El Exorcista (1973), la mejor de las mejores películas de miedo

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Las terroríficas consecuencias de la Ouija no son, por norma general, que tu madre te sorprenda y te dé un cachete por ser tan flipado, sino que abras una puerta mística que debería haber permanecido cerrada y por ella se cuele un ente maléfico que te posea y te arruine la existencia bajo los azotes de los siete infiernos. La pequeña Regan MacNeil empieza de pronto a mostrar un comportamiento errático, y su madre recurre a los mejores especialistas en medicina y psicología para sanarla. Pero nada funciona; al contrario, va a peor. Contacta entonces con un sacerdote, el padre Karras, quien hace una evaluación de la situación, se aferra los cataplines que se le habían enredado con el alzacuellos y llama al padre Lankester Merrin, una autoridad en la materia, para que realice un exorcismo a la niña. Es esta una película de Terror con mayúscula, un juego sombrío que nos pone al filo de la condenación eterna y nos hace ser testigos de cómo el Mal (también con mayúscula) puede atacarnos sin que medie provocación alguna; es decir, que puedes ser muy buenecito, muy buenecito, e ir al infierno de cabeza de todos modos. Así que haced dos cosas, si queréis atender mi consejo, y si en alguna estima me tenéis a estas alturas: disfrutad de la película, y después disfrutad de la vida.

Uno de los nuestros (1990), para mí la mejor película de Martin Scorsese

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Martin Scorsese nos cuenta esta historia de violencia ilimitada y de ambiciones a la italiana poniéndonos en la piel de Henry Hill (Ray Liotta) como el narrador principal, un joven de familia humilde que toma, desde un principio y con total voluntad y consciencia, el camino de la mafia como medio de subsistencia. Toda la película es un frenesí, desde su atroz comienzo (se me ponen los pelos como escarpias al imaginarme a Joe Pesci cortando un pastel de cumpleaños en la vida real) hasta su sorprendente final, llevándonos casi sin respiración al oscuro submundo de las cloacas de la mafia y de sus glorias de puertas para afuera. Parecía imposible que una película de mafiosos pudiera superar a El Padrino como la apoteosis del género; bien, esta quizá no lo haga, pero desde luego se le aproxima mucho, mucho. Si no la has visto y pretendes hacerlo, prepárate para actuar como alguien que desee hacer el amor con Max Power: abróchate el cinturón y goza.

El nombre de la rosa (1986), una de las mejores películas sobre la edad media

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Jean Jacques Annaud toma la novela de Umberto Eco del mismo nombre para llevarnos a una abadía perdida en las montañas de la Italia medieval, donde va a celebrarse un cónclave en el que, se supone, va a dirimirse de una vez por todas la cuestión de si Cristo era rico o pobre (en aquellos días aquello era tan importante como en estos días lo es saber quién ha amañado su currículum o plagiado su máster), pero que se ve azotada por una serie de muertes que los monjes achacan a la obra del mismísimo Satanás. Por fortuna (o desgracia, para algunos), un monje franciscano, Guillermo de Baskerville (Sean Connery) y su novicio Adso (Christian Slater), están invitados al mismo y darán comienzo a una investigación en la que fe y razón se darán la mano para resolver el enrevesado caso. Con una atmósfera inigualable, sombría y espesa como el misterio mismo que envuelve a la abadía, y una música de, otra vez, el inigualable James Horner, el visionado de esta obra maestra te transportará a los años más oscuros de la oscura Edad Media, donde los pocos destellos de luz venían de los libros antiguos, prohibidos, blasfemos, que osaban hablar de cosas tan demoniacas como la risa. Fray Guillermo, adelantado a su época por sus maneras y sus opiniones, resulta en uno de los personajes más entrañables de la historia del cine mismo.

La vida de Brian (1979), para mí la mejor película de humor

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En el mundo hace falta la risa; sin risa el mundo no gira. Los Monty Phyton se encargan esta vez de hacer que todo vaya sobre ruedas en la que es, posiblemente, la película más hilarante de todos los tiempos; con el permiso de muchas y la reverencia de todas. No sé en qué reunión y ante qué clase de pintas de cerveza se les ocurrió a estos ya famosos cómicos hacer una parodia de la vida de Jesucristo tomando —para evitar susceptibilidades extremas— a un coetáneo suyo como protagonista: Brian, un pobre diablo que se verá arrastrado sin misericordia a los acontecimientos que irán definiendo su posicionamiento como Mesías, salvador de los judíos del yugo romano opresor. ¿Cómo quedarse con una sola escena ante el resto? Absolutamente todo lo que ocurre en el guion es un disparatado manjar, cada uno más rico que el anterior. La madre, los amigos, los fieles seguidores, los romanos, la crucifixión, ¡hasta los malditos extraterrestres!, se dan cita en esta filmación que, a propósito o sin querer, y como dijo un tal John Lennon, se ha hecho ya más famosa que el mismísimo Hombre al que homenajea. Como guinda del pastel, la inefable, irrepetible, inolvidable Always look at the bright side of life; si esto no es una obra maestra redonda, que baje Dios —el que sea— y lo vea.

Conclusión sobre las mejores películas de la historia

Ya os voy adelantando trabajo: esta lista de las mejores películas está bien (o es una mierda), yo hubiera puesto esta película que no puede faltar (o esta otra), el autor no tiene ni fucking idea de cine (o no tiene ni fucking idea de cine)… Como decía al principio, este tipo de proyectos componen un reto en toda regla, terrible y agotador, y por lo general mal recompensado (no es ni mucho menos el caso, por suerte para mí y desgracia de mis pulmones). Elegir las mejores películas de la historia del cine es un trabajo que nadie, nadie y no me vengáis con gaitas, va a poder llevar a cabo de una manera absolutamente objetiva, por mucha barbita que tenga, por mucho que folle poco y por horrible que sea su sombrero. Si me dices que faltan diez, te responderé que no, que faltan veinte. Así que ahí os dejo la lista, Las Mejores Películas de la Historia, para que la gocéis, o la gocéis poniéndola verde. Pero gozadla en cualquier caso. Todas son películas maravillosas; y también faltan, como los buenos amigos a veces. Pero, como los buenos amigos, a veces también te reencuentras con ellos.

¿Mi consejo? Echadle florituras y, como decía cierto cazafantasmas, ¡A POR ELLAS!

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