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Los mejores cuchillos de monte

Hay tantas maneras de salir al monte como montes a los que salir. Precisamente, el desarrollo de herramientas y la inventiva del hombre provienen de su capacidad de ir cada vez un poco más allá en estos ambientes, o de poder aprovechar cada vez un recurso más de los que dispone. Habrás salido al monte una primera vez, para darte cuenta de que en la siguiente incursión te eran necesarias unas botas mejores. Pues bien, en muchas más ocasiones habrás salido si te ha llegado el momento de acordarte de que necesitas un cuchillo de monte.

Este útil es un compañero práctico para nuestras salidas, y que debemos tener presente cuando nos preparamos para una jornada en ruta. Nos facilitará tareas de preparación del alimento que llevemos, nos librará de posibles obstáculos si la vegetación resulta incómodamente frondosa, e incluso nos ayudará en la orientación e interpretación de nuestro alrededor en el entorno que hayamos escogido. Precisamente estamos ante un cuchillo del que vamos a echar mano para cortar, pero también para excavar o golpear, con lo que, antes que cualquier otra característica, nos interesa recabar en su rigidez.

Como acabamos de mencionar, en más de una ocasión nos encontraremos utilizando nuestro cuchillo de monte para remover la tierra, o para realizar un agujero en el suelo, para sacar una seta o para tomar una muestra del piso. Este trato hace del cuchillo un elemento necesariamente robusto, de materiales no excesivamente finos y con una forma resistente a esfuerzos. Aparte de la longitud, que conviene que no sea demasiado corta, por la variedad de usos que le podamos dar, es importante que probemos a cogerlo a la hora de tantear varios modelos, y que, al tenerlo agarrado, no sobre espacio en nuestra palma, ni sea tan ancho que no podamos cerrar el puño. De la consistencia mutua del cuchillo y la mano dependerá el uso efectivo del corte.

La hoja que habitualmente llevan estos cuchillos es de una anchura considerable frente a otros cuchillos de corte más específico. En algunos casos, la hoja es más estrecha en la base, seguida de un ensanchamiento que culmina en la punta. Este tipo de hoja es ideal para el macheteo y el golpe seco y profundo, semejante al modo de uso de las hachas, que en ocasiones nos es necesario. Este manejo puede ser muy conveniente si queremos abrir troncos muertos o frutos gruesos, e incluso cortar ramas no muy anchas, para los usos de refugio. Puede completarse la hoja con una sección en sierra que libra al filo de este esfuerzo.

En la unión de la cuchilla con la empuñadura conviene pararse a pensar si necesitaremos el tope de guarda para los dedos, ideal para ejercer presión en dirección de la línea del propio cuchillo, como cuando lo queramos hundir desde la punta o manejar su posición por ranuras y espacios estrechos.

Si bien, como hemos explicado, el cuchillo de monte está sometido a perrerías de todo tipo, y pareciese que lo más conveniente fuese afilarlo con una de las piedras junto a las que acostumbra reposar, no hay que equivocarse. Cuidar el filo, así como la hoja completa, deja al cuchillo preparado para todo. Pues ese todo es lo que has salido a buscar, ¿no es cierto?