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El mejor fisioterapeuta de Valencia: Mi opinión personal

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En la clínica Fisioterapia en Movimiento trabajan varios profesionales como Arturo, Iliana y Aitor que tienen mucha experiencia en fisioterapia, lesiones crónicas, tratamientos para deportistas y mucho más.

Pide cita por email: info@fisioterapiaesmovimiento.com
Visita la clínica: C/ Alberique 18, Valencia
Visita su página web: http://fisioterapiaesmovimiento.com/

Todavía recuerdo la noche en la que, viendo un partido de baloncesto entre el Unicaja de Málaga y el Pamesa Valencia (sí, Pamesa, con Nacho Rodillo, Fabricio Oberto… qué tiempos aquellos) tirado en mi cama, puse una mano sobre mi pecho y descubrí una extraña protuberancia. Tenía 12 años y no sabía que ese momento iba a cambiar mi vida para siempre, pero gracias a el mejor fisioterapeuta de Valencia (en realidad fueron dos), todo fue exponencialmente mejor. Esta es mi historia.

El inicio de una historia que hizo cambiar mi vida

Cuando se lo dije a mis padres se pusieron como locos y me llevaron corriendo a urgencias. No me dolía ni nada, pero ellos se asustaron mucho. Una vez allí, un traumatólogo puso nombre a lo que me pasaba: tórax en quilla. Se trataba de un problema congénito no muy habitual que se desarrolla durante la pubescencia y la adolescencia por culpa de una deformación en la espalda y que provoca que el esternón se coloque por encima de las costillas. Ahí estaba el quid del asunto.

Yo nací con una cadera más alta que la otra, lo que me había provocado una escoliosis lateral de 28 grados hacia la derecha. Vamos, que como le decía el pequeño Forrest Gump a Jenny el día que la conoce en el autobús camino de la escuela, tenía la espalda como un interrogante.

Efectivamente, estaba hecho un cristo, para qué nos vamos a engañar. Y puede que lo siga estando, pero menos. Se lo debo, principalmente, a una clínica donde tienen los mejores fisioterapeutas de Valencia. Pero esta es una cuestión que abordaré más adelante.

El caso es que el traumatólogo me recetó un corsé que iba desde mis partes pudendas hasta el cuello con solo un pequeño orificio en la zona del pecho para permitirme respirar con cierta comodidad. Esto me valió para que en el cole me apodasen ‘masilla’ en honor a los enemigos de los Power Rangers cuyo único punto débil estaba en el centro del pecho. Qué originales los $%&%&%%&.

Estuve con ese corsé durante 5 años. 23 horas al día. Solo podía quitármelo para ducharme y para hacer rehabilitación. Yo, que siempre he sido muy bruto, seguía jugando al baloncesto y haciendo ejercicio con normalidad hasta con él puesto. Me costó acostumbrarme, pero lo hice. Cuando el médico me dijo que no tenía que usarlo más, lo quemé en una hoguera de San Juan. No lo tomes a mal, los corsés son personales y hechos a medida, por lo que nadie podría haberlo aprovechado.

En ese tiempo perdí del orden de 10 kilos y mi escoliosis se redujo 8 grados. Yo estaba feliz como una perdiz, pero no sabía que, a partir de ese momento, empezarían a venir los problemas.

No tardé en empezar a notar que, cuando acababa de entrenar con mi equipo de baloncesto de toda la vida, en la parte superior derecha de la espalda, donde tengo la curvatura provocada por la escoliosis, un pinzamiento. Llamé al fisioterapeuta de rehabilitación que me trató durante el tiempo que tuve el corsé, pero me dijo que no podía atenderme inmediatamente a través de la Seguridad Social. Así que me recomendó a un colega de profesión que me dijo que se me estaban generando contracturas en esa zona.

Lo cierto es que, desde el primer momento, no me cayó excesivamente simpático. Puede que fuese eso o, simplemente, que no es el mejor profesional que me he encontrado en mi vida, al menos a mi juicio. Tras varias sesiones que me costaron lo poco que ganaba arbitrando en aquella época, decidí dejarlo porque mi problema no se solucionaba. Me sentía mejor al salir de la consulta, pero en cuanto volvía a entrenar las contracturas hacían acto de presencia de nuevo. Puedo asegurarte que el dolor, muchas veces, ni siquiera me dejaba dormir.

Un tiempo más tarde empecé a trabajar en una tienda de muebles muy conocida (no diré más, que no me pagan por hacerles publicidad) y me informaron que ofrecían a sus empleados un seguro privado con servicio de fisioterapeuta a un precio bastante interesante. Tenía que cargar bastantes cajas a diario, usar una transpaleta, etc. Así que me dije “¿por qué no?”. No tenía mucho que perder.

Me derivaron a una clínica privada y el fisioterapeuta, aunque más simpático, me volvió a decir lo mismo. La musculatura de la parte derecha de la espalda estaba muy atrofiada y eso me generaba contracturas con el esfuerzo.

Y encontré al mejor fisioterapeuta de Valencia que solucionó mis dolores de espalda

Le di dos meses y, pasado ese tiempo, me di de baja porque era una pérdida de tiempo y de dinero. Lo cierto es que empezaba a hacerme a la idea de que iba a tener que aprender a convivir con mi problema toda la vida, lo que no me hacía especial ilusión. Ya prácticamente había tenido que dejar de jugar al baloncesto salvo en contadas ocasiones. Pachangas con amigos en las que la tensión competitiva era entre cero y menos mil. Me gustan las sensaciones de la competición y me motiva mucho.

Sin embargo, en los post-partidos de estas pachangas, encontré al que ahora denomino, el mejor fisioterapeuta de Valencia, Arturo de Fisioterapia es Movimiento. Una noche, tras acabar la pachanga de todos los lunes, decidimos unos cuantos ir a tomarnos una bebida isotónica (sí, una cerveza) en un bar cercano al pabellón. A la cuarta yo ya estaba un poco chispado y decidí contar mi problema.

Uno de los allí presentes me dijo que él también tenía escoliosis y que llevaba años yendo a un fisioterapeuta que le había dejado como nuevo. Me dio su número y su dirección. Esperé a la mañana siguiente para llamar, conté mi historia y esa misma tarde tenía cita con Arturo, especializado en dolores crónicos.

Respuesta a algunas preguntas que seguro se te están pasando por la mente ahora mismo

Antes de continuar, quiero dar respuesta a algunas preguntas en las que estás pensando ahora mismo:

  1. ¿La opinión que vas a leer es subjetiva? Sí, claro. Pero también objetiva ya que mi mejoría ha sido increíble.
  2. ¿Esta opinión está condicionada por mi experiencia? Of course, my friend.
  3. ¿Tengo algún interés adicional en hablarte de este fisio? Ninguno. Las personas que son profesionales, empáticas y que ayudan de verdad a la gente merecen un agradecimiento. Esta es mi forma de dárselo.
  4. ¿Tengo base para comparar los servicios de este fisioterapeuta con otros? Lo mío ha sido todo un peregrinaje por centros de fisioterapia desde que era un niño.
  5. ¿Es un amigo? Pues no diría tanto, pero a alguna caña le he invitado.

Mi primera visita

Me vino fenomenal haber echado esa pachanga el día anterior a la consulta porque, como no, las contracturas volvieron a aflorar. Me dolían bastante, pero lo llevaba mejor pensando que Arturo iba a poder examinarme viendo el problema en todo su esplendor.

No le hizo falta ni explorarme. En cuanto me vio sentarme me dijo “no creo que exagerases cuando explicaste lo que te pasaba”. Me hizo quitarme la camiseta y empezó a hacer presión con sus dedos en busca de las contracturas.

No me dijo nada que ya no supiese. Lo realmente diferente vino después. Me habló de forma muy profesional y divulgativa, haciéndome comprender por qué se generaban esas contracturas y, sobre todo, dándome la garantía de que, si hacía las cosas bien y seguía sus recomendaciones, podía deshacerme de ellas. No sé por qué, pero me transmitió mucha confianza.

“¿Quieres que empecemos ya?” me dijo. “¡Por favor!” le respondí. Me tumbó en la camilla boca abajo y me trato con una delicadeza de la que jamás me olvidaré. En vez de tratar el problema únicamente en la zona dolorida, me analizó de forma global para encontrar posibles compensaciones musculares.

No sé si eres de los que piensa que ir al fisio es un poco tortura y pesar de que estamos acostumbrados a que metan el dedo en el músculo hasta que se salten las lágrimas, Arturo combinó varias técnicas que me dejaron bastante alucinado. Yo entiendo poco o nada de anatomía pero desde el minuto cero, empecé a notar que mi cuerpo cambiaba.

Pensaba que iba a pasar una noche malísima porque notaba bastante dolor, pero lo cierto es que dormí como un lirón. Al día siguiente me levanté con una sensación de sentirme más recto y más ligero. Cuando llegó el fin de semana, estaba mejor que en muchísimo tiempo.

No te miento si te digo que no había experimentado esa sensación con ningún otro fisioterapeuta de los muchos a los que había visitado.

El principio del fin de mis problemas de espalda

Fueron pasando las sesiones y, poco a poco, fui sintiéndome mejor. Había dejado las pachangas de baloncesto con mis amigos de forma preventiva y temporal. El baloncesto es mi pasión y no puedo quitarme el gusanillo si no es jugando de vez en cuando.

Al llegar a la quinta sesión, Arturo y quiero aclarar de nuevo, el mejor fisioterapeuta de Valencia, me dijo que había llegado el momento de complementar el tratamiento. Una de las cosas que más gustan en Fisioterapia es Movimiento, es que no solo se quedan en el tratamiento manual tradicional de un fisio, si no que miran más allá y creen en una mejor recuperación con ejercicios que hagan activen aquellas zonas y músculos que no lo están haciendo correctamente y que estén provocando el problema. De ahí su nombre. Como he dicho antes, no siempre el problema está en el foco del dolor.

Ya te dije antes que soy un bruto y que el baloncesto me flipa. Así que desatendí su consejo de ir progresivamente y me apunté a una de esas pachangas que mis colegas echaban los lunes. Me sentía mejor que nunca y quería probar hasta dónde podía llegar mi cuerpo. Error.

Mi cuerpo no estaba preparado para un esfuerzo tan explosivo. Ya te he dicho que me sentía bien, así que quise rememorar mis tiempos de mocedad machacando el aro en el calentamiento. Con 18 años llegaba sobrado. Con casi 30, no tanto. ¿El resultado? No solo me quedé corto, sino que me dio un tirón de la leche. No pude jugar.

Al día siguiente tenía casualmente cita con Arturo y le conté lo ocurrido… me echó una pequeña bronca por mi impaciencia y que más os podría decir, tuvimos casi que empezar de nuevo el tratamiento. Pero de los errores se aprenden, eso dicen…

Me conciencié del todo y me prometí que no volvería a jugar al baloncesto hasta que no estuviera 100% recuperado y con el visto bueno del fisio. Por suerte, el trabajo que hicimos posteriormente ya había hecho bastantes cambios y la recuperación tardó muy poco en llegar.

Yo, que sé perfectamente lo que es convivir con contracturas constantes en la espalda, puedo asegurarte que, GRACIAS A ÉL, no he vuelto a tener una. Jamás. ¿Qué más puedo pedirle? Este es el motivo principal por el que te aseguro que es el mejor fisioterapeuta de Valencia.

Y el humano es el único animal que tropieza varias veces con la misma piedra

Tan importante es encontrar a un fisioterapeuta que solucione el problema que padeces como a uno que no lo empeore. No ha sido mi caso, pero créeme si te digo que conozco a muchas personas que han salido peor de la consulta de lo que entraron.

Voy a contarte mi experiencia al respecto. Ya te he dicho dos veces en artículo que soy un bruto, así que voy a aprovechar para afirmarlo una tercera vez.

Al tiempo tener el pistoletazo de salida para hacer lo que quisiera y ya metido de lleno en la rutina de jugar la correspondiente pachanga de baloncesto semanal con mis colegas, escuché por la radio que se organizaba un torneo 3 contra 3 en el barrio. Lo escribí en nuestro grupo de wasap y rápidamente formamos un equipo.

Sin saber muy bien cómo, fuimos ganando partidos hasta llegar a cuartos de final. Se ve que eso de que el que tuvo retuvo y guardó para la vejez es más cierto de lo que creía. El caso es que el partido estaba reñido y, en un momento dado, hice una finta en la línea de triple, el defensor saltó y encaré la canasta. El pívot rival  se interpuso en mi camino y me fui contra él para sacarle la falta. Metí también la canasta, pero al caer apoyé mal y mi rodilla hizo ‘crack’. ¿Sabes esa sensación de que se te viene el mundo encima a través de unos calores flipantes? Así me sentí yo. No pude seguir jugando y, aunque ganamos ese partido, palmamos en semifinales.

El caso es que volví a Fisioterapia es Movimiento lo antes que pude. Esta vez me trató otro compañero llamado Aitor, ya que el dolor que tenía era distinto y él estaba más especializado en lo que me ocurría en ese momento. ¿No te parece increíble que un sitio tenga una persona única para un problema en concreto? Arturo era más especialista en lo suyo, los dolores crónicos. Borja es más de Aitor.

Después de contarle que me había pasado y que tipo de dolores sentía, me hizo un breve chequeo y confirmó que se trataba del menisco. Joe menudo bajón. Yo tengo el recuerdo de algún conocido cercano que le operaron del menisco y relaciono eso mucho tiempo tirado en el sofá con una cicatriz del copón y una férula de esas que te inmoviliza durante otros tantos meses. Menos mal que, por si no lo sabías, todo eso forma parte del pasado.

Me fui al médico y de ahí al traumatólogo, el cuál me dio fecha para una artroscopia. Por suerte no era mucha cosa y el postoperatorio fue de escasos días. A la siguiente semana estaba con Aitor haciendo de todo para recuperar la fuerza, la movilidad y ponerme fuerte con un toro. Desde luego, Aitor es también otro como Arturo, un buen profesional y el mejor fisioterapeuta deportivo de Valencia.

Ahora, cada vez que alguien me cuenta que tiene un problema muscular o que necesita rehabilitación, le recomiendo absolutamente que vaya a Fisioterapia es Movimiento. Y estoy seguro de que, al igual que yo, sus clientes habituales hacen lo mismo. Cada vez que paso por allí veo a más gente.

Al igual que a ellos, a ti también te recomiendo que visites al que, con toda seguridad, es la mejor clínica de fisioterapia de Valencia. Si él no puede solucionar tu problema, dudo que alguien pueda hacerlo. Espero que te haya gustado mi historia y que pueda serte de ayuda.

Si quieres pedir una cita con él, aquí te dejo sus datos de contacto. ¡No te olvides de decirle que vas de mi parte!

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