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El mejor fisioterapeuta de Tenerife: Mi opinión personal

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Jorge Díaz es un terapeuta que lleva tratando dolencias desde 1994 y es Fisioterapeuta, Osteópata y Acupuntor.

Pide cita con Jorge por email: aevumnatura@gmail.com
¿Quieres ir a verle?: C/ El Pilar 14 – 1º D
Su página web: https://www.aevumnatura.com/

Hasta ahora, he escrito muchos artículos para este blog, pero ninguno me ha hecho tan feliz como este. Conforme vayas leyendo entenderás por qué. Y es que voy a hablarte acerca de cómo, sin comerlo ni beberlo, encontré al mejor fisioterapeuta de Tenerife y de cómo me ayudó a superar un problema crónico que padecía en mi mano derecha.

La historia de cómo me destrocé el escafoides

Sinceramente, tengo ya unos años y he escuchado multitud de historias que narraban formas estúpidas de romperse un hueso. Algunas de ellas me recordaban a la mítica canción de Def con Dos “Pánico a una muerte ridícula”. Pero creo que la mía se lleva la palma.

Me explico. Un amigo que tenía un bar de copas en el centro de Santa Cruz de Tenerife (ya cerró, así que tampoco le voy a hacer publicidad) me contrató para trabajar un fin de semana de camarero ya que él se iba con su mujer de vacaciones y necesitaba a alguien que le cubriese. Me viene muy bien contar esto ya que te hará ver que soy alguien de confianza XD.

El sábado por la noche fue como la seda. El problema vino a la hora de cerrar. Ya con todas las mesas recogidas, salí a bajar las persianas. Una de ellas se encasquilló y no entraba en el agujero. Así que pensé en apoyarme en ella y dar un salto para hacer más fuerza. Craso error, amigo.

Al hacerlo, sentí y hasta escuché un fuerte chasquido procedente de mi muñeca derecha. El dolor, aunque en otra parte del cuerpo, fue como una patada en los… ahí, vamos.

Era tarde y no quise alarmarme. Así que me tomé un ibuprofeno, cosa que no debí hacer porque me había tomado alguna copita, y me fui a la cama. Seguramente fue por eso que conseguí dormir algo.

Me desperté por la mañana con un dolor insoportable. Tenía la mano como una bota y había empezado a oscurecerse. De hecho, tenía un hematoma feísimo. Hablé con un amigo que es médico, le conté lo que me había pasado y me dijo que fuese lo antes posible a urgencias.

Pedí un taxi (ni de broma podía conducir) y me planté en el Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, que es el que me pillaba más cerca. La recepcionista, en cuanto me vio la mano y la muñeca, me dio prioridad para que entrase. El traumatólogo de urgencia ya me dijo que probablemente me había roto un hueso, pero hizo una radiografía del brazo. Efectivamente, me había fracturado el escafoides. Y no de manera limpia precisamente.

Operación, recuperación y… el camino para encontrar al mejor fisioterapeuta de Tenerife

¿La solución? Operarme, no quedaba más remedio. Había pequeñas astillas de hueso y con la inmovilización no iba a ser suficiente. Así que nada, muy a mi pesar, me sometí a la intervención. Pero lo peor no era eso, sino que me quedaban dos meses por delante de rehabilitación.

Estuve unas tres semanas con una férula y, cuando me la retiraron, rápidamente me di cuenta de que había perdido mucha movilidad y tono muscular. “Es totalmente normal”, me dijo el doctor.

No fue durante la rehabilitación cuando encontré al mejor fisioterapeuta de Tenerife, te lo puedo asegurar. La primera sesión, literalmente, fue una tortura. El osteópata no paraba de moverme la muñeca y yo, a veces, hasta tenía que morder un trapo para soportar el dolor. ¡La virgen!

Después, empezó a darme sesiones con electrodos. Entre unas cosas y otras, 20 sesiones en total. No había recuperado ni el 80 % de la movilidad cuando el médico de la mutua me dijo que tenía que volver a trabajar. Yo, que soy diestro y trabajaba como reponedor en aquella época (también estaba estudiando), no me lo podía creer.

Probablemente, el volver a trabajar de forma prematura fue la razón de que mi problema se volviese crónico. Caja para arriba, caja para abajo… tenía que tomar antiinflamatorios a diario para poder soportar el dolor.

Llegó un punto en que supe que no podía seguir así. Dejé el trabajo y, usando lo poco que había ahorrado y con la ayuda de mis padres, me puse a buscar por todo Tenerife una clínica de fisioterapia que me permitiese terminar la rehabilitación y volver a estar como nuevo.

Si algo aprendí durante esa época es que no es oro todo lo que reluce. Y que muchos fisioterapeutas te venden que saben lo que hacen y que van a solucionar tu problema y luego pasan las sesiones y las sesiones y no es así.

Empecé a hacerme a la idea de que tendría que aprender a vivir así. Fui al médico de nuevo y, tras unas cuantas pruebas, me dijo que la falta de rehabilitación había provocado un debilitamiento de la musculatura periférica al escafoides y de los tendones y que, para colmo, estaba empezando a presentar síntomas del síndrome del túnel carpiano. Me habló de algo que no quería oír ni de broma como era volver a operarme. Sinceramente, no quería volver a pasar por lo mismo y tampoco podía permitirme estar de baja o dejar de trabajar de nuevo.

Todo por intentar bajar una persiana de esas metálicas… ¿pero quécómoporquédóndecuándo? Todas las dudas y preguntas revoloteaban sin parar en mi cabeza.

El error de probar cualquier cosa por desesperación

Cuál sería mi grado de desesperación ante el dolor que, probablemente, hice una de las tonterías más grandes de mi vida. En estos momentos, uno decide probar todo, hasta lo divino.

Un día, el novio de una amiga me contó que el solía sufrir episodios de lumbalgia y que nada le funcionaba mejor que un terapeuta de origen chino que tenía una clínica, por llamarlo de alguna manera, en su barrio.

No me sonó del todo bien pero pensaba que no tenía nada que perder por probar. Pero lo cierto es que sí que lo tenía.

Las técnicas del supuesto terapeuta eran… cómo decirlo… extrañas. Hablaba un castellano muy pobre y, cuándo le conté lo que me pasaba, me dijo que se debía a que mi sistema inmune no podía llegar a la zona debida a la lesión y que no podía regenerar los tejidos, así que había que echarle una mano. O algo así entendí, para qué engañarte.

Cuando hablaba de una mano se refería, realmente, a una especie de martillo de goma con unas púas. Me dijo amablemente que pusiese la muñeca sobre la mesa y, sin venir a cuento, empezó a darme golpes. Y no flojitos precisamente. Yo veía las estrellas, pero aguanté estoicamente los 45 minutazos que duró la sesión y me fui a casa con la sensación de que me habían pegado una paliza. Bueno, realmente, me la habían dado.

El caso es que, sorprendentemente, pareció funcionar. Estuve unos días con unos hematomas alucinantes. Eran tan grandes que, aunque era verano, llevaba manga larga para que mis amigos y familiares no me los viesen. No sabía cómo explicarles lo que había hecho.

Sin embargo, ese terapeuta no me arregló nada. Más bien, todo lo contrario. Un mes después, aproximadamente, mientras pasaba la aspiradora por casa volví a escuchar un chasquido y supe que el problema había vuelto. Y peor que nunca.

CONSEJO: nunca, jamás, por muy bien que te hable de él alguien que conozcas, te pongas en manos de alguien así. A lo mejor a esa persona le funciona porque tenía otra lesión diferente o quizá ninguna y el placebo hizo su trabajo. Para cosas serías, siempre es mejor ir a profesionales. Al menos, esa es mi opinión.

El principio del fin o cómo descubrí al mejor fisio de Tenerife

Dicen que cuando se cierra una puerta siempre se abre una ventana. Lo cierto es que resulta curioso cómo la vida nos depara sorpresas y pone ante nosotros la solución a problemas de nuestra vida diaria en los sitios en los que menos se espera uno.

La historia de cómo conocí al mejor fisioterapeuta de Tenerife está ligada al día en el que conocí a la mujer de mi vida, la persona con la que lo comparto todo actualmente (si esto fuese La Resistencia, Broncano ya me habría puesto el vídeo de los perros). Paradojas del destino.

Estaba tranquilamente tomando algo en un bar con mi vendaje compresivo en la mano destrozada cuando una chica se me acercó y me preguntó qué me pasaba. Yo, que no ligaba ni a tiros, y tal vez por el efecto de las copas, le conté mi historia.

Debí caerle simpático. Bueno, visto lo visto, eso es seguro. Me dijo que ella tenía un problema similar en el tobillo que se hizo jugando al tenis y que todo le iba mucho mejor desde que empezó a ir a un fisioterapeuta que descubrió hace unos meses. Así que me envalentoné, le di mi número de teléfono y le dije que le quería acompañar a la próxima sesión para que su fisio me viese a mí también.

En lo que menos pensaba era en la mano, dicho sea de paso. Al día siguiente no tenía ninguna esperanza de que fuese a llamarme. Y no me llamó. Ni al siguiente tampoco. Ni al otro. Pero el miércoles por la mañana me escribió un WhatsApp diciéndome que iba esa tarde al fisio y que si seguía en pie lo de acompañarla. La respuesta era obvia.

Creía que, al ir sin cita, el fisio no me iba a atender. De hecho, había muchísima gente en su consulta, pero yo estaba contento solo por acompañarla. Sin embargo, no por gusto te digo que es el mejor fisioterapeuta de Tenerife.

Ella, que es muy extrovertida, insistió en que entrara a la consulta para que aprovechase para contarle al fisio mi problema. A mí me daba vergüenza, pero al final accedí. Cuando entré, Jorge (así se llama nuestro fisio protagonista), con una sonrisa en la cara, le dijo a la chica “¿Qué me traes? ¿Un regalito?”. Hizo que me sentara y le contase todo.

Me enrollé tanto que al final ella tuvo que aplazar su sesión hasta el día siguiente. Para mí mejor, ya que podría volver a acompañarla. El caso es que no me dio falsas esperanzas, me dijo que podría volver a llevar una vida totalmente normal si le hacía caso, me sometía al tratamiento adecuado y me armaba de paciencia. Le conté hasta lo del fisio chino. Todavía se lleva las manos a la cabeza.

Así que empezamos la rehabilitación juntando tratamientos manuales con ejercicios concretos para recuperar movilidad, fuerza y músculo en la muñeca. ¡Hasta me aconsejó cambiar de dieta! Para él, la alimentación es medicina y si comía bien, llevaría buenos nutrientes a mi mano para acelerar la recuperación. Estaba un poco abrumado, la verdad, pero me daba tan buenas sensaciones que yo estaba dispuesto a llevarlo hasta las últimas consecuencias.

¡Qué cambio! Solo te digo que, antes de conocerle, escribir un artículo tan largo como este me hubiese resultado absolutamente imposible. El teclado y el ratón del ordenador me daban repelús.

¿Por qué Jorge es el mejor fisioterapeuta de Tenerife? Por muchas razones

Podría decirte que este es el mejor fisioterapeuta de Tenerife porque ha sido el único capaz de solucionar mi problema sin necesidad de cirugía ni tratamientos pseudomédicos. Es cierto, pero hay mucho más.

Siempre que fui a su consulta, me atendió con una sonrisa. Me transmitió tranquilidad y seguridad hasta en los momentos más delicados y en los que peor lo estaba pasando. Todavía recuerdo el dolor que me hacía sentir durante las primeras sesiones haciendo movimientos con mi mano para que recuperase la movilidad.

Nunca me mintió ni me dio falsas esperanzas. Me habló claramente del problema que tenía, de lo difícil que era resolverlo para que pudiese volver a mover la mano como antes y de lo paciente y estricto que debía ser conmigo mismo. De hecho, hasta me dijo que, si no iba a ser capaz, lo mejor era que no tirase el dinero ni le hiciese perder su tiempo. Una sinceridad que le agradezco.

Pero no solo eso. Le considero también el mejor fisioterapeuta de Tenerife porque sabe perfectamente lo que es de su competencia y lo que no. Me explico.

Si tienes un problema, visita al mejor fisioterapeuta de Tenerife

Puede que pienses que lo que te acabo de contar es totalmente subjetivo y que está condicionado por mi experiencia. La respuesta es que sí, como prácticamente todo en la vida. Pero lo que es totalmente objetivo es que él ha sido el único capaz de hacerme sentir bien en mi día a día.

También puede que opines que esto lo escribo porque es mi amigo o porque me está pagando. Y ahí sí que estás equivocado. He hecho este artículo por dos razones. La primera es por demostrarme a mí mismo que podía escribir más de 2000 palabras sin sentir dolor en mi muñeca derecha. La segunda es como regalo por haberme tratado tan bien y por permitirme disfrutar de la vida como si en aquella noche de mi juventud no me hubiese roto el escafoides.

Por otro lado, no creo que haya mucha gente que haya visitado a más fisioterapeutas que yo, por lo que tengo experiencias de sobra para comparar. Algún futbolista y poco más.

Bueno, no quiero enrollarme más, así que voy a dejarte aquí abajo los datos de contacto del mejor fisioterapeuta de Tenerife para que le llames o le escribas si te apetece y conciertes una cita con él.

Te agradecería que, cuando lo hagas, dejes un comentario aquí también contándome cuál ha sido tu experiencia. Me va a encantar saber que hay personas con problemas que, gracias a mí, han podido llegar hasta él y solucionarlos. ¡Ánimo!

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