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El mejor fisioterapeuta de Barcelona

Hoy en este artículo voy a hablar de varios fisios, algunos de ellos con muy buenas manos, pero el objeto de este artículo no es hablar de unas buenas manos, sino de las que yo considero las mejores, las que para mí, son definitivamente las manos del mejor fisioterapeuta de Barcelona.
“El que quiera tener salud en el cuerpo, procure tenerla en el alma.”
Francisco de Quevedo

No soy de esos que pasan el tiempo frente a la caja boba, babeando delante de espectáculos televisivos cada vez más deplorables. Tampoco me considero un deportista, pero sí una persona activa a la que le gusta echar una pachanga con los amigos del barrio, acercarse a hacer alguna ruta por los volcanes de la Garrotxa y, en general, mantenerse sano para sentirme bien conmigo mismo.

Dado mi buen saque, en cuanto me despisto con algún tema de investigación (un pasatiempo que tengo), me veo con unos kilos extra que son bastante difíciles de perder, y con el tiempo he aprendido que no hay nada como el cardio para mantener las lorzas a raya.

Como la mayoría de runners de Barcelona, no es raro que me deje ver por el Paseo Marítimo, pues ofrece un entorno privilegiado para hacer footing. Nada mejor que ponerse los cascos y echarse a correr con el sol mañanero bronceando la piel. Y al final de la sesión, fuera camiseta sudada y bienvenido sea un baño. Se queda uno redondo.

No obstante, cuando empiezas a ejercitarte después de un tiempo ensimismado entre los libros, siempre hay que tomarse las cosas con calma. Uno ya no es tan joven (tiene sorna que lo diga yo con solo treinta y tantos, pero así lo siento en mis carnes) y la más mínima se lleva uno un susto.

Hoy quiero compartir con vosotros algunas opiniones de fisios de la zona. A los que ya os haya tocado pasar por un «manitas del cuerpo humano» sabréis que no es un plato de buen gusto. Mucho menos cuando estás intentando retomar la actividad física y te das de bruces contra un muro inesperado: una lesión.

A lo largo de los años son muchas las lesiones acumuladas. Cuando necesitaba acudir a un fisioterapeuta en Barcelona preguntaba a los colegas con los que compartía afición e iba pasando de un fisio a otro, al menos al principio. Y ya sabéis el dicho: a fisioterapeuta recomendado no le mires el diente. ¿O no era así?

En fin, la realidad es que tras pasar por muchas camillas, acabé con Stefan, que es mi profesional de confianza. Pero antes de conocerle mis amigos acabaron hasta la coronilla con las quejas que les iba dando.

Para que sepáis de lo que hablo, aquí van unas historias.

“El secreto de la atención del paciente, está en interesarse por el.”
Peabody

Mi primer paso por una consulta dirigida por un fisioterapeuta y osteópata en Barcelona

Ya no recuerdo el año. Estas cosas son las típicas que uno olvida, pero sí recuerdo cómo sucedió todo.En un partido de futbito con los amigos de toda la vida, recibí un pisotón muy feo en la parte posterior del empeine. En ese instante simplemente proferí una queja y, rebosante de dopaminas, seguí jugando sin mayor problema.

Cuando regresé al piso y quise quitarme las deportivas… ¡Ay, cuando me intente descalzar! El pie estaba completamente hinchado, parecía una suerte de butifarra enrojecida. Ya precavido, me enjaboné, y al salir de la ducha decidí dirigirme a urgencias, sin parar siquiera a cenar.

Después de un rato sentado, con el pie insensibilizado y apenas adivinando cierto hormigueo, la enfermera del centro de atención continuada Isabel Roig me hizo pasar a consulta, y de allí a radiografía, ante la posibilidad de una fractura por sobrecarga en los huesos del pie.

Por suerte no tuve que preocuparme durante mucho tiempo. Al poco regresaron con los resultados y me desmintieron la diagnosis preliminar. El pie estaba bien y para la recuperación tan solo me aconsejaron antiinflamatorios.

Pero al cabo de los días la hinchazón no cesaba, más aún, yo cada día estaba más consternado porque semejaba ir a más, aunque como postrado novato que era no tomé medidas ni mantuve observaciones detalladas. Algo que sí hago en el presente y que recomiendo a todo el mundo.

Un buen amigo y vecino del barrio decidió dejarse caer por casa para echar unas partidas con la videoconsola, una Play 3 destartalada ya, y fue él quien me recomendó coger cita en un centro de fisioterapeutas donde operaban varios trabajadores titulados.

Me convencí de que no era mala idea intentarlo. Nunca antes había ido a una consulta de este tipo, y mi amigo me había puesto la miel en la boca. Presentado como «es el mejor fisio de Barcelona», no tenía nada que perder.

El nombre del centro prefiero no compartirlo, pues fueron profesionales y supieron ayudarme. Pero la chica que me atendió, llamémosla Montse, era una chismosa de cuidado. Y personalmente no hay nada que más me eche para atrás que estar tumbado, inmóvil en una camilla e incapaz de escapar, cuando se avecina una avalancha de preguntas incómodas, un bombardeo comandado por una mujer que no sabía dónde estaban los límites entre lo público y lo privado.

Montse me ayudó a que mi recuperación fuese más rápida. Según ella estaba sufriendo las consecuencias de una microrrotura en los músculos interóseos dorsales, algo que me sonó a chino en el momento, pero que pronto asocié con mi problema cuando me comentó que es una lesión común entre bailarines. Por si quedaban dudas de que un pisotón te puede dejar fuera de juego…

Los ejercicios que realicé con ella ayudaron a reparar los daños en la musculatura de forma más rápida. Tras dos o tres sesiones, ya no lo puedo recordar, empecé a notar el calzado más holgado, seña de que empezaba a sanar.

Montse me facilitó un plan de ejercicios para regresar a mi actividad física normal. Y en poco tiempo estuve completamente recuperado. ¡Tan solo necesité desprenderme de mi vida privada para conseguirlo!

El amigo que me dio la recomendación aún se pitorrea a día de hoy a causa de mi consternación de aquellos días. Aquella «masajista» era una cotilla de primera.

Así pues, cuando tuve un segundo altercado, supe que quería contar con un fisioterapeuta para realizar la recuperación, pero habiendo tantos profesionales en el mercado, ¿por qué iba a exponerme a estar con una persona que me hacía sentir incómodo?

“La Educación de los estudiantes comienza con el paciente, continúa con el paciente y termina con el paciente”. William Osler

Esguince de tobillo jugando al pádel

En 2015 se popularizaron dos cosas. Por un lado el pádel pasó a ser el deporte predilecto para jugar con la cuadrilla. Y por otro, apareció el entrenamiento HIIT que reclamaba las bondades de un entrenamiento aeróbico más intenso. Para aunar lo mejor de los dos mundos me propuse entrar a un campeonato de pádel en parejas con mi buen amigo Matías.

Quedábamos con otras parejas en la pista de pádel indoor adyacente a la avenida Diagonal. El complejo deportivo tiene varias canchas y no suele haber problema para reservar, por lo que se ajustaba perfectamente a nuestras necesidades.

Cuando no hay mucha distancia desde mi apartamento, prefiero acercarme a los sitios andando. Así lo hacía en el caso de la pista de pádel, que apenas distaba un par de kilómetros de mi hogar. En una tarde lluviosa en la que habíamos quedado con otros contendientes que más tarde nos encontraríamos en el torneo, decidí coger el coche para no llegar calado.

El resultado fue que, en cuanto empezaron las maniobras exigentes para salvar puntos, mi tobillo, que no había pasado por la caminata de calentamiento habitual, decidió fastidiarme los planes. Un mal paso es todo lo que hace falta para echar por tierra tus oportunidades de conquistar el podio.

Sabiendo lo que era, pues ya de joven había sufrido alguna distensión ligamentosa, mi amigo Matías se apresuró a recomendarme el que para él era el mejor fisioterapeuta de Barcelona. No sé si sufriría un dejá vú en aquel momento…

Matías me acercó en su coche al local, para que me echasen un vistazo inmediato; y allí me colocaron un vendaje de compresión, lo pertinente en este caso.

Mi primera alarma saltó cuando la secretaria de la clínica me indicó que no tenían horas libres hasta la semana siguiente; es decir, estando a domingo, se refería a ocho días vista.

No dije nada. Mi único error. De nuevo, el trabajo del fisioterapeuta fue aceptable, pero existían problemas asociados.

Para ser fiel a la realidad, debería compartir con vosotros que el fisioterapeuta de esta clínica era algo tosco y no muy considerado. En más de una ocasión le advertí que me estaba haciendo más daño del tolerable. Para él no debía ser sino una damisela en apuros, pues hizo caso omiso de lo que le decía y siguió forzando mi tobillo.

Regresando a los problemas de programación, la tercera cita, que esperaba que se sucediese con mayor prontitud, también tardó en llegar. Alrededor de diez días de espera, con el tobillo ya prácticamente curado, aunque un poco anquilosado por la falta de movimiento.

La terapia se enfocaba en reactivar la circulación, forzar el movimiento y tonificar los músculos para regresar a la normalidad con rapidez.

Siguieron otras dos o tres visitas al fisioterapeuta, sin más que destacar que algunas buenas punzadas de dolor cuando el «orco» (así había bautizado al experto entre los amigos) no se dejaba guiar.

Pasaron los días y pasó mi tiempo de convalecencia. Mi tobillo funciona bien, sin secuelas, aunque tiene tendencia a las lesiones (ya lo he acuñado como «el pie pocho»).

El trato que me dieron en este centro no era digno de ser tildado como “mejor fisio de Barcelona”, ni mucho menos. Es por eso que ni se me pasó por la cabeza dejarme caer de nuevo por el local, antes prefería volver a visitar a mi amiga la de los chismes.

En cualquier caso, la falta de profesionalidad y los problemas para concertar citas impiden que recomiende este negocio a nadie. Por suerte o por desgracia, poco más tarde encontraría a mi profesional de confianza, Stefan, tras una caída. Y ahora sí, ahora vamos a hablar del que para mí es el mejor fisioterapeuta de toda Barcelona.

“Algunos afirman, yo entre ellos, que no tenemos un esqueleto, músculos, glándulas, un sistema nervioso sino que “somos todo eso”.
Feldenkrais

Una caída en bicicleta que me dejó el hombro hecho polvo. Buscando al mejor fisioterapeuta de Barcelona

Con el tiempo he aprendido que todos los deportistas de la ciudad tienen siempre el mejor fisioterapeuta de Barcelona. Quienquiera que sea aquel con el que entablo conversación, tiene a su servicio un osteópata que obra milagros sobre las lesiones más insospechadas.

Me hace gracia, porque hasta yo lo tengo. Un chaval gallego, residente en Barcelona por motivo de estudios, solía acompañarme a montar en bicicleta cuando se activaba la operación bikini (o bañata en su caso, más bien).

En una de estas salidas conjuntas tuve una caída y mi hombro cayó justo contra el bordillo de la acera. El brazo quedó replegado hacia atrás, y yo estaba obnubilado por un dolor indescriptible.

De nuevo toda la parafernalia de urgencias, y el brazo en cabestrillo con una fractura leve de clavícula a modo de guarnición. Todo se relegaba a reposo, mucho reposo. No me gustaba el panorama que me pintaban los traumatólogos del hospital.

Por la forma en la que se desarrolló el accidente (un conductor desconsiderado fue el causante último), el gallego sentía cierta responsabilidad. Por lo visto los gallegos tienen toda una cultura en torno a los fisioterapeutas. Allí los llaman compoñedores o recompoñedores, términos que hacen alusión a la capacidad de estos profesionales de volver a dejar el cuerpo como estaba en un principio.

Sus palabras me engatusaron y accedí a visitar a su fisio. Por supuesto, era “el mejor de todos”.

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Su nombre era Stefan Schwarz y tenía un centro en la Ronda San Pere donde realizaba trabajos de fisioterapia, osteopatía y kinesiología aplicada.

La primera impresión no fue excepcional. El local estaba limpio, era amplio y tenía colores claros. Stefan era alemán, aún se notaba (y se nota) en su acento y en su castellano entremezclado con catalán, no muy bien pronunciado.

Ahora bien, la atención personalizada que me brindó Stefan durante mi recuperación ya la quisieran muchos centros privados.

Durante el proceso de recuperación mi hombro me regalaba tremendos pinchazos de dolor al principio (ahora atenuados y sólo cuando troto). Exploramos la amplitud de los movimientos que ofrecía mi hombro y con la más mínima mueca Stefan se detenía y me consultaba si deseaba continuar progresando.

Aunque hay muchos profesionales capaces de ayudarte, pocos te hacen sentir que estás en buenas manos, muy pocos te dan la confortable sensación de que estás en las mejores manos. Incluso con lesiones menores como las mías, la carga psicológica no es nada desdeñable, y Stefan me ayudaba a aliviar este malestar que no solo estaba en mi hombro sino también en mi mente.

Como buen alemán, Stefan es muy comedido, educado y respeta la privacidad de sus pacientes. Sabe dónde están los límites que un profesional de la salud no debe rebasar al distraer al enfermo. Y digo profesional porque lo es, es un PROFESIONAL en mayúsculas, para empezar tiene el despacho empapelado de diplomas y las muchas explicaciones sencillas que deja caer durante las sesiones son esclarecedoras.

Y si teníamos en un altar la ingeniería alemana, esperad a disfrutar de las manos de este maestro, eso sí que es una maravilla de la tecnología: Para mí, Stefan es sin lugar a dudas el mejor fisioterapeuta de Barcelona.

Por eso, si buscáis alguien que os haga sentir cómodos y que confíe plenamente en vuestra rehabilitación, a la vez que desarrolle un trabajo excepcional, yo os recomiendo a Stefan, el mejor fisio.

Por supuesto, esta es sólo mi opinión personal. Estoy segurísimo que otras muchas personas piensan que el mejor fisioterapeuta de Barcelona es este otro o el de más allá, ya que otras personas pueden buscar otras cualidades diferentes a las mías.

Al final cada uno tenemos nuestras preferencias, nuestras expectativas y nuestra forma de ver las cosas, pero para mí, el gallego sabía lo que se hacía, para mí sus manos son las mejores de nuestra gran ciudad Barcelona.

Reseña Panorama
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Pienso que la vida se mide en ilusiones. Pensar en proyectos y ver cómo te ilusionas sólo con la sensación de que podrían ser realidad. Pero también la vida es movimiento, poner tu cuerpo a funcionar acompañando a las ideas, viéndote a ti mismo crear algo de la nada y sentir que eres útil y poderoso sólo por el mero hecho de ver que puedes, que puedes mirar la vida con ojos de constructor y no sólo con mirada de un turista que pasa por la vida sin despertar un sólo sentimiento, sin aprender, y sin enseñar absolutamente nada. | | | (Viajar sólo a Marrakech, es mi primer Ebook publicado).

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