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Antes de empezar quiero recordarte las palabras del emperador romano Marco Aurelio, las cuáles me han ayudado siempre a no enloquecer en el continente americano.

“Todo lo que escuchas es una opinión, no un hecho, todo lo que ves es una perspectiva, no es la realidad”.

Al leer este ensayo acuérdate de que mis palabras son sólo mi opinión, no un hecho, y de que son sólo mi perspectiva, no la realidad.

Cuba es un país realmente maravilloso en muchísimos aspectos. Ahora, en la distancia que te da el paso de los días, me pongo a pensar en ello y me doy cuenta de que en cierta manera me atrapó un poco. Pensar en Cuba es tener inmediatamente un millón de sentimientos encontrados, muchas sensaciones que provienen de las miles de veces que sonreíste cuando estabas allá, y las otras tantas que te sentiste tremendamente triste y frustrado.

Desde mucho antes de llegar a Cuba ya sabía que me dirigía a un destino diferente. Los propios cubanos te dirán que tengas muchísimo cuidado con los cubanos y te pondrán sobre aviso sobre sus miles de tácticas de engaño, escucharás que es un país muy caro y complicado, descubrirás que usan dos monedas completamente diferentes, donde una (llamada divisa, peso convertible o C.U.C) es del mismo valor que el del dólar y la que usan mayormente los turistas, y la otra (llamada peso cubano, peso nacional o C.U.P) tiene un valor veinticinco veces menor, etc…

Me llenaron la cabeza de tantos prejuicios que me fue difícil visitar el país como a mí me gusta, es decir, como si abriera un libro en blanco, dispuesto a escribir la historia según mi punto de vista y con mi experiencia allí vivida.

Una vez allí aprendí que en lugares turísticos como La Habana existen dos tratos completamente diferentes, el trato al turista, donde por norma general se le intentará exprimir hasta la última gota de su cartera (aunque todo bajo un exquisito trato), y el trato entre cubanos, que es amable, sonriente, educado y gentil, y que además siempre tratan de ayudarse los unos a los otros en cualquier circunstancia.

Después de haber pasado un mes allí, aún no puedo decirte que entiendo Cuba, si es que acaso es posible entender este increíble país, pero lo que sí puedo hacer es contarte diez anécdotas que me han sucedido para que, quizás, te puedas hacer una pequeña idea.

Te dejo con una cita sacada de un buen libro que tuve el placer de leer mientras estaba allí, y comenzamos:

“A pesar del incesante hostigamiento exterior, este pequeño país, apegado a su soberanía, ha obtenido resultados muy notables en materia de desarrollo humano: abolición del racismo, emancipación de la mujer, erradicación del analfabetismo, reducción drástica de la mortalidad infantil, elevación del nivel cultural general… En cuestiones de educación, de salud, de investigación médica y de deporte, Cuba ha alcanzado niveles que muchos países desarrollados envidiarían”.
Biografía a dos voces, de Ignacio Ramonet

* Al final de cada punto encontrarás frases que leí durante el tiempo que estuve en Cuba.

Diez anécdotas para comprender cuba

1) El trabajo

Mujer en La Habana
Mujer leyendo en La Habana, Cuba

Un día entré a uno de esos curiosos mercados de cualquier ciudad Cubana, y me di cuenta de que los trabajadores tenían todos cara de amargura, todo iba muy lento, y además no te trataban bien.

Le pregunté a la persona que estaba frente a mí en la cola que cómo era posible que todos los trabajadores tuvieran esa cara.

Él me respondió:

“Fidel hace como que nos paga, y nosotros hacemos como que trabajamos”.

—-
“Los hombres se dividen en dos bandos: los que aman y fundan, los que odian y deshacen.”
José Martí

2) La revolución

Obrero trabajando en la construccion en viñales, Cuba
Obrero de la construcción en Viñales, Cuba

Una noche un hombre me hablaba sobre la revolución, y me explicaba por qué, según él, había fracasado:

La revolución no puede tener una cara reconocible, no puede tener un nombre (mientras hacía un gesto con las manos como sujetándose una poblada barba), el nombre en sí es revolución, que no significa otra cosa que prosperar, cambiar, caminar hacia delante.

Desde el momento en que una persona se atribuye el mérito, desde el momento que alguien te dice haber conducido la revolución, esta ya deja de serlo. Empezará a decir que todo lo que existe es gracias a él: “Esa mesa se sujeta gracias a mí, esa escalera se eleva gracias a mí.” Si hace algo bien dirá que es gracias a él, y si hace algo mal tratará de esconderlo, y si no puede te dirá que todos somos humanos.

—-
“En la tierra hace falta personas que trabajen más y critiquen menos, que construyan más y destruyan menos, que prometan menos y resuelvan más, que esperen recibir menos y dar más, que digan mejor ahora que mañana.”
Che Guevara

3) El Ché Guevara

Sienten la lluvia
“Algunas personas sienten la lluvia, otras simplemente se mojan”. Bob Marley

En otra ocasión hablaba con unos cubanos sobre qué pensaban del Ché Guevara, ya que en Cuba hay miles de imágenes de él por todas partes, hasta en las monedas y los billetes nacionales. Les dije que pensaba que el Ché parecía un verdadero revolucionario, ya que había dejado su comodidad y su carrera política para irse a otros países como el Congo o Bolivia a hacer la revolución.

— El Ché no fue más revolucionario que otros por irse a combatir a otros países,—me dijo uno de ellos—. La revolución en las personas se ve más en los pequeños detalles que en los grandes.

Y me contó una historia:

Un día llegó a casa del Ché un camión cargado de comida y utensilios, él les dio las gracias y les preguntó si iban a dar un camión así a todos los cubanos. Al obtener un no por respuesta, les dijo que no lo quería, ya que él tenía una cartilla de racionamiento como todos los demás y que con eso podía vivir, y que si no le era suficiente, lucharía para conseguir más para todos.

El otro,—me dijo—, el de la barba, se quedó con el camión.

—-
“Una sola cosa me dice: Yo lo único que quiero es que cuando triunfe la Revolución en Cuba, por razones de Estado ustedes no me prohiban ir a la Argentina para luchar por la revolución”.
Fidel Castro hablando sobre el Ché Guevara, en el libro Cien horas con Fidel

4) La picaresca cubana

Thomas jefferson frases sobre españa
Hallado en la revista “El gigante de las siete leguas. Prontuario ilustrado de las agresiones de Estados Unidos contra los pueblos de nuestra américa”.

Si hay algo que llama la atención de Cuba a los turistas, es la cantidad de veces que te sientes estafado. Como decía al principio del artículo, los propios cubanos te dicen cada vez que tienen la ocasión que tengas muchísimo cuidado, ya que por desgracia en su querido país te tratarán de engañar a cada paso.

A veces tienes la amarga sensación de que todas y cada una de las veces que hay una interacción con un cubano, hay un engaño detrás. Es el tema de conversación favorito entre todos los turistas, nos reímos, lo soportamos como podemos, y luego lo compartimos.

Sin embargo, a los pocos días de estar en Cuba y de tener esa sensación de la que hablo, traté de poner en práctica unas palabras que me dijo mi exnovia, una súper Doctora en Antropología.

“El antropólogo se comportará frente a lo extraño como un lector”.

Así que traté de no juzgar, simplemente observar, y sobre todo pensar que posiblemente yo haría lo mismo si estuviera en su situación. No obstante, he recogido alguna de las mejores picarescas que me han sucedido en estas semanas.

La pizza

En una ocasión cerca de media noche, me encontraba hablando con el mesero de un bar y le pregunté que dónde podía encontrar algo para comer.

Él me preguntó si quería langostas o algo por el estilo (sugerencia que ya me pareció rara, por cierto), y le dije que no, que quería una pizza o cualquier cosa rápida. Sí,—me dijo—, ven que te llevo.

Como ya me conocía la jugada (te llevan a un sitio y te dicen otro precio, para quedarse ellos con el extra), le dije que no, que me dijera por favor dónde era y ya iba yo. Ven, si es justo ahí—me dijo mientras señalaba una pequeña ventanita en un edificio, a menos de 15 metros de donde nos encontrábamos—. Genial gracias,—dije—, si es tan cerca no hace falta que me acompañes.

Se encabezonó en acompañarme, así que ante su terrible insistencia, le dejé que me llevara.

Al llegar, le pregunté a la mujer del pequeño establecimiento que cuánto costaba una pizza básica (la cuál en cualquier lugar de cuba fuera de las zonas turísticas cuesta entre 5 y 10 pesos cubanos), y el mesero del bar que me acompañaba respondió: 2 CUCS (o sea, dos dólares, que serían cincuenta pesos cubanos). Gracias, le dije, y volví a preguntar a la mujer. ¿Cuánto cuesta una pizza básica? 2 CUCS, volvió a repetir el joven de mi izquierda. Disculpa, he preguntado a la mujer, que seguro sabe mejor cuánto cuesta una pizza en su pizzería.

Dos CUCS, me respondió ella seria.

Vaya,—dije—.

Volví al bar a buscar a mis amigos para llevarlos a la pizzería, mientras me decía a mí mismo que no me estaban diciendo la verdad y por algún lado me estaban engañando.

Al llegar de nuevo a la pizzería con todos ellos me puse a buscar con la mirada a ver si veía los precios escritos en alguna parte, ya que en muchos establecimientos muestran el precio, aunque a veces los ponen tan pequeñitos que hay que averiguarlos. Finalmente, justo a la altura de mi cabeza en la pared, vi que ponía “23 pizza básica”, que es menos que un CUC.

¿Cómo es que me cobráis cincuenta pesos cuando son veintitrés? —Pregunté—.

Bueno, porque ese precio es si pagas en moneda nacional, si no son dos CUCS. —Dijo ella—.

Oye, no soy un turista tonto, así que hazme el precio normal y no me cuentes cosas raras. —Contesté—.

En ese momento, se acercaron otros dos turistas canadienses, y el mesero me dijo: Mira y aprende cómo funciona esto.
¿Cuánto cuesta una pizza? —Preguntaron ellos—.

Dos CUCS.

Pagaron, cogieron su pizza, y se fueron.

El cubano turista

Estaba preparando un viaje a Viñales, un pequeño, turístico y precioso pueblo en el oeste de la isla, bastante cerca de La Habana.
Las opciones eran ir en autobús o en taxi con otros viajeros (12 dólares en autobús y 20 dólares por persona en taxi).

La noche antes del viaje viene una amiga muy contenta y me dice que ha conocido a un chico cubano que está viajando también (casualmente) a Viñales, y le ha ofrecido ir con él en su coche a cambio sólo de pagar el coste de la gasolina.

Cuando me lo presenta, el chico me dice que es turista como yo y que está viajando, y le pregunto que cuánto nos costaría ir con él.

Bueno… por eso no te preocupes, somos helmanos, ya lo hablaremos cuando lleguemos, seguro que nos entendemos como seres humanos. —Dice él—.

Prefiero hablarlo ahora así no tenemos sorpresas, —contesto—.

Bueno… a ver… le dije a tu amiga que sólo les cobraría el coste de la gasolina, así que… bueno, podemos dejarlo en 25 dólares por persona.

Le di una palmada en el hombro, le di las gracias, y me fui.

Los puros cubanos 100 % originales


El truco más usado de todo Cuba es pescar turistas incautos por la calle y venderles puros supuestamente originales, alegando que ellos los consiguen más baratos porque trabajan en una cooperativa que los fabrica.
Yo ya había escuchado esa historia infinidad de veces, y un día estaba hablando con la dueña de la casa privada donde me hospedaba.

“Tened mucho cuidado, no compréis nunca puros por la calle, os dirán que trabajan en una cooperativa, pero eso no existe y es una estafa, son puros de una calidad pésima”.—Dijo ella—.

Al día siguiente, cuando me iba de la casa a mi siguiente destino, me dijo la misma dueña de la casa:

“Tengo puros de primera calidad, ¿quieres verlos?, son de la cooperativa en la que trabajo”.

Debe estar de broma, pensé yo.

El comedor social

Un día fui a almorzar con un amigo a uno de esos restaurantes del estado, los cuáles prácticamente no tienen nada que ofrecer pero tienen precios increíblemente bajos (a nuestros ojos europeos).

Pedimos dos arroces con frijoles y dos jugos, y el total era de más o menos un dólar (o 25 pesos de moneda nacional).

Cuando fui a pagar, el hombre que trabajaba allí me dijo:

— Dame… no sé… cinco dólares.

— ¿Cómo cinco dólares? Cóbrame el precio que pone en la pizarra,—contesté—.

— No no, esos precios son para los abuelos que vienen a comer aquí, los demás tienen que pagar otro precio. —Dijo él—.

—Bueno, pues si es así, lo tendríais que poner en alguna parte, además parece que me has dicho lo primero que se te ha pasado por la cabeza, así que a mí cóbrame el precio que pone ahí escrito, y ya lo sé para la próxima vez.

— Ok, no me des nada, que parece que quieres comer gratis.—Dice él—.

— Gratis no, quiero pagar lo que corresponde, no cinco veces más porque a ti te apetece.—Respondo—.

— Bueno venga, dame dos dólares.—Me dice—.

Y así es como, después de la discusión, pagué aún así un dólar más de lo que ponía escrito en la pizarra.
—-
“Al principio de la espera paciente (“Las prendas ambicionadas, mientras los Estados Unidos no pudieran tomarlas, debían permanecer en las manos más débiles”) se añade ahora otro que lo complementaba: “En el momento difícil del débil, poseedor de la prenda, se debía abandonar la actitud expectante para obrar rápida y enérgicamente contra este”.
Ramiro Guerra Sánchez, hablando sobre la actitud de Estados Unidos frente a Cuba, entonces dominada por los españoles

5) La libertad y la dignidad

America para los americanos
Hayado en la revista “El gigante de las siete leguas. Prontuario ilustrado de las agresiones de Estados Unidos contra los pueblos de nuestra américa”.

Un pastor de una iglesia me contaba que en su juventud le expulsaron de la universidad donde estudiaba ingeniería informática porque no era comunista y había dicho abiertamente que era católico. Después,—me contaba—, quiso ser zapatero.

A continuación me contó su punto de vista:

“En Cuba no tenemos derecho a soñar, no existe la iniciativa privada. No puedo ser siquiera zapatero porque este país no me da los medios.

Sólo desde hace unos años está permitido ser “cuentapropista”, que es más o menos como tener tu propia empresa, pero aquí no existen mayoristas que te vendan productos, todo es del gobierno, con lo que no hay posibilidades de crecer ni de prosperar. Si queremos un material tenemos que comprárselo directamente a alguien que trabaje para una empresa del gobierno, y conseguir que lo robe para nosotros. Así funciona en todo el ancho y largo de la isla, todo el que tiene un negocio roba material al estado, y los que trabajan con turistas les exprimen, les engañan, todo es a cambio de dinero, se pierde la humanidad.

Sin libertad, sin sueños, te acabas convirtiendo en un ser miserable, en un ladrón, acabas perdiendo la dignidad”.

—-
“Lo que no consiguieron len 200 años los imperialistas no lo van a conseguir ahora, que es apoderarse de Cuba; lo que no pudieron hacer cuando Martí caía en Dos Ríos escribiendo que todo lo que había hecho y haría era para impedir, con la independencia de Cuba, que Estados Unidos se extendiera con una fuerza más sobre los pueblos de América -y eso ocurrió hace casi 100 años-, no lo van a conseguir ahora los imperialistas porque no se lo vamos a permitir”.
Discurso de Fiel Castro en el VI foro nacional de piezas de repuesto, equipos y tecnologías avanzadas. 1991

6) Cuba Libre

Bloqueo Cuba - Granma
Periódico Granma. Clic en la imagen para ver el interior

Un día hablaba con un cubano sobre el combinado Cuba Libre, que por cierto es una mezcla de ron añejo de tres años con cocacola y una rodaja de limón, a diferencia del Cubata que es con ron añejo de 5 años.

Me dijo que en Cuba, al Cuba Libre se le llama de otra manera. ¿Ah sí? ¿Cuál?.

— La mentirita.

— ¿Y eso? —Dije yo—.

— ¿Cuba te parece un país libre? Los únicos libres aquí son los dirigentes, que tienen esclavizados a más de 11 millones de cubanos. —Respondió—.

—-
“Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía. En América no se podía ser honrado, ni pensar ni hablar. Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado. Un hombre que obedece a un mal gobierno, sin trabajar para que el gobierno sea bueno, no es un hombre honrado. Un hombre que se conforma con obedecer a leyes injustas, y permite que pisen el país en que nació, los hombres que se lo maltratan, no es un hombre honrado…

En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana”
José Martí, dos fragmentos de sus libros.

7) Turista o viajero

Matanzas, Cuba
Mis primeros días en La Habana fui un turista más. Fui a La Bodeguita de en Medio a tomar un mojito de cinco dólares y a La Floridita a probar un Daiquiri junto a Hemingway, comí en los restaurantes para turistas donde unos cansados músicos interpretan una alegría y una salsa que no tiene fin, cogí un taxi de diez dólares para ir a la terminal de autobuses que está a unos diez minutos de trayecto, donde sólo hay autobuses para turistas y tienen precios para turistas (antes los cubanos tenían prohibido su uso, y ahora aunque no está prohibido, el 99,9 % de los cubanos no lo usan porque para su bolsillo es absolutamente inaccesible).

Al tercer día dije basta. Ser turista no es mi manera de visitar un país. Es irreal, mucho más costoso, y además tendrás un trato diferente tanto para lo bueno como para lo malo.

Decidí conocer la Cuba de los cubanos, así que me puse a caminar, a preguntar, a entrar en sus tiendecitas, en sus mercados, en sus restaurantes, en sus medios de transporte.

Descubrí que el cine cuesta dos pesos cubanos, (0,08 dólares), el teatro diez (0,40 dólares), unas zapatillas de buena calidad seis dólares y una camisa preciosa cuatro, el mejor mojito que he probado en Cuba me costó 0,75 dólares, descubrí que un plato enorme de frijoles, arroz, aguacate, patata dulce y pollo frito cuesta menos de un dólar, recorrí el país de punta a punta subido a unos camiones de carga de la era soviética reconvertidos en “autobuses” (o guaguas como lo dicen ellos, no sé si herencia de los miles de canarios que emigraron a Cuba) donde pagas por tramos de ciudad a ciudad generalmente la cantidad de dos pesos cubanos, pudiendo ir seguro de este a oeste del país por no mucho más de un dólar.

Una reflexión personal: Cuba no es un país caro como dicen muchos, lo “caro” quizás sea el ir a Cuba y vivir como no viven los Cubanos. No obstante, después de haber pasado un mes en Estados Unidos, me acuerdo de los “precios caros” de Cuba y me entra la risa. Creo que esto es algo psicológico, si vamos a un país que a nuestro juicio debería ser barato, todo lo veremos como caro y nos pasaremos el viaje juzgando, y si vamos a un país que sabemos de antemano que es caro, lo entenderemos como normal.

—-
“El escritor Gabriel García Márquez, que lo conoce bien, relata así su modo de dirigirse a las multitudes: «Empieza siempre con voz casi inaudible, con un rumbo incierto, pero aprovecha cualquier destello para ir ganando terreno, palmo a palmo, hasta que da una especie de gran zarpazo y se apodera de la audiencia. Es la inspiración, el estado de gracia irresistible y deslumbrante, que sólo niegan quienes no han tenido la gloria de vivirlo.”
Fidel Castro: Biografía a dos voces, de Ignacio Ramonet

8) Discriminación

Encuesta de opinion, Santa Clara, Cuba
Parte de una serie de murales en Santa Clara, Cuba

Un día me propuse coger un tren de esos antiguos y bonitos que imaginaba que hay en Cuba, así que fui a la estación de trenes de La Habana.

Cuando llegué, había unas cincuenta personas esperando a comprar su tiquet.

Me acerqué al mostrador de información y pregunté si toda esa cola era para comprar un billete, y la mujer me dijo:

No no, tú ve directamente a la ventanilla uno y ahí puedes comprarlo.

— ¿Y toda esa cola para qué es? —Respondí—.

— Es para comprar un ticket, pero tú no te preocupes, vete a la ventanilla uno.

— No gracias, yo hago la cola como todo el mundo —dije—.

— No, tú eres turista, tú compras por separado, los turistas vais en vagones separados.

— Yo no quiero ir en otro vagón, ni pagar otro precio, quiero ir con los cubanos.—Respondí—.

— No puedes, es por tu seguridad.

Cabreado me largué de allí y me fui a la terminal de autobuses de Omnibus, que es la compañía de autobuses nacional (a diferencia de Viazul, que es la que usan los turistas y su precio es decenas de veces más elevado).

Al llegar a la ventanilla de billetes de la terminal, pedí un billete.

— ¿Tienes pasaporte cubano? —Dijo ella—.

— No.

— Pues no puedes comprar un billete, tú tienes que ir a Viazul.—Respondió—.

— Yo no quiero ir a Viazul, yo quiero viajar como los cubanos, en su autobús, en Omnibus.

— No puedes, eso es sólo para los Cubanos.

— Claro que puedo, no me lo creo, no me entra en la cabeza. – Dije, y me fui-.

Soy un cabezón, así que me propuse llevar el asunto hasta donde pudiera:

Encontré a unos conductores de autobús y les dije que quería comprar un billete, y me dijeron que no podía, que yo tenía que ir a Viazul.

Encontré a un policía y le dije que quería comprar un billete, y me dijo que no podía, que era por mi seguridad.

Encontré a un militar que trabaja para el ministerio del interior y le dije que quería comprar un billete, y me dijo que no había ningún problema, que por supuesto que podía comprarlo. La persona con la que estaba el militar le dijo que no, que no podía, y después ambos me dijeron que no.

Esto debe ser una broma, les dije a todos.

Así que me propuse buscar al director de la terminal, y después de muchas negativas me dijeron dónde podía encontrarlo. Fui a su despacho y la secretaria me hizo esperar en la salita.

Curiosamente, en la salita había un cuadro donde ponían “Nuestros valores”, y el primer valor ponía que no se podía nunca discriminar a una persona por raza, color o sexo. Lo leí, me reí, y se lo dije a la secretaria. (A ella no le pareció gracioso).

Una hora después de tenerme esperando y de decirme en muchas ocasiones que no me iba a poder atender, me levanté y me fui, y le dije “Voy a escribir un artículo que no sé si a alguien le importará, pero esto es una vergüenza”.

—-
“Para nosotros los revolucionarios luchar contra la discriminación racial es un principio sagrado” .
Fidel Castro, Cien Horas con Fidel.

9) La curiosa anécdota de la revolucionaria española y el gran corazón del pueblo cubano

hombre paseando en Trinidad, Cuba
Ya he dicho que el trato del cubano es, por lo general, gentil, sonriente y exquisito, pero creo que esto merece un punto a parte, ya que es una de las anécdotas más bonitas que recuerdo.

Un día estaba en un autobús de ciudad lleno hasta los topes de cubanos.

Junto a mí, una mujer de unos setenta u ochenta años, con su abanico en mano, dijo unas palabras, y ante la familiaridad de su acento le pregunté:

— ¿Es usted española?

Y como si lo tuviera estudiado, me dijo de carrerilla:

— Soy muy española, más que tú, y muy orgullosa, en Cuba se vive muy bien, ¿verdad?, hay muchísimas cosas buenas.

— En todos los países hay un montón de cosas buenas, le respondí.

— Sí pero en unos países más que otros, España está llena de corruptos, y de fascistas, son todos unos ladrones, ¡qué asco!, España se ha convertido en un país de mierda, en cambio mira en Cuba, todos viven muy bien, (y con el brazo en alto y empuñando la mano dice), ¡VIVA LA REVOLUCIÓN!

La mujer siguió y siguió diciendo cosas sin parar, y yo no sabía muy bien dónde meterme por lo surrealista de la situación, me limitaba a mirarla con curiosidad y con una pizca de vergüenza.

Mientras todo esto ocurría, todas las mujeres y hombres cubanos que estaban a su lado la miraban sin una pizca de mala intención en los ojos, en cambio le regalaron todos y todas una preciosa sonrisa y, una mujer negra, la más mayor de todas, que aparentaba superar con creces la edad de la mujer española, sin casi dientes en la boca pero aún así con una gran sonrisa, se levantó de su asiento y le dijo: Siéntate mami, no te preocupes.

— ¡No quiero sentarme! ¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!. —dijo la española—

Parecía un poco fuera de sí. Sin tratar de juzgarla demasiado yo juraría que no estaba muy bien de la cabeza.

Todos los cubanos allí presentes no dejaban de dedicarle a la señora española unas bonitas sonrisas, tranquilizándola e invitándola a sentarse. Supe en ese momento que los cubanos son personas especiales, que hacen lo posible por levantarte una sonrisa, por quitar hierro al asunto, por ser amables. A partir de ese día, observé con muchísima más atención y admiración al pueblo cubano.

—-
“Porque sabemos que este pueblo cubano no se dejará confundir por las campañas hechas por los enemigos de la Revolución, porque el pueblo cubano sabe que por cada traidor que surja habrá mil soldados rebeldes que estén dispuestos a morir defendiendo la libertad y la soberanía que conquistó este pueblo […]  Porque para detener esta Revolución cubanísima tiene que morir un pueblo entero, y si esto llegara a pasar serían una realidad los versos de Bonifacio Byrne: Si desecha en menudos pedazos se llega a ver mi bandera algún día… ¡nuestros muertos alzando los brazos la sabrán defender todavía!”
Camilo Cienfuegos, en su discurso frente al pueblo de cuba en La Habana.

10) Nuestro vino

Hombre a través de la ventana, La habana, Cuba
En una ocasión hablaba con los dueños de la casa donde me hospedaba, y les pregunté sobre cómo veían ellos la vida en Cuba. Me contaron un montón de aspectos buenos, así como un montón de aspectos malos, y después, el marido me contó algo:

“Cuba está muy lejos de ser un país perfecto, pero podrás ver que la inmensa mayoría de los cubanos siente un inmenso amor por su país. José Martí dijo una frase que representa la cuestión cubana a la perfección. “Nuestro vino puede ser amargo, pero es nuestro vino”.

Creo que aquel hombre se refiere a este increíble pasaje que encontré de casualidad en el tremendo libro “Nuestra América” de José Martí:

“Ni el libro europeo, ni el libro yankee, daban la clave del enigma hispanoamericano. Se probó el odio, y los países venían cada año a menos. Cansados del odio inútil, -de la resistencia del libro contra la lanza, de la razón contra el cirial, de la ciudad contra el campo, del imperio imposible de las castas urbanas divididas sobre la nación natural, tempestuosa o inerte,- se empieza como sin saberlo a probar el amor. Se ponen en pie los pueblos y se saludan, y unos a otros se van diciendo cómo son.
Cuando aparece en Cojímar un problema, no van a buscar la solución en Dantzig. Las levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América. Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear.
Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino!
Se entiende que las formas de gobierno han de ponerse en formas relativas; que la libertad, para ser viable, tiene que ser sincera y plena; que si la república no abre los brazos a todos, y adelanta con todos, muere la república.”

—-
“He nacido en la Argentina; no es un secreto para nadie. Soy cubano y también soy argentino y, si no se ofenden las ilustrísimas señorías de Latinoamérica, me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie.”
Ernesto Guevara, intervención en la Asamblea General de las Naciones Unidas, 1964

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Reflexión final: Los extranjeros acostumbramos a decir que queremos visitar Cuba antes de que cambie, mientras que todos los cubanos rezan día y noche para que Cuba cambie antes de que vengas.

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Pienso que la vida se mide en ilusiones. Pensar en proyectos y ver cómo te ilusionas sólo con la sensación de que podrían ser realidad. Pero también la vida es movimiento, poner tu cuerpo a funcionar acompañando a las ideas, viéndote a ti mismo crear algo de la nada y sentir que eres útil y poderoso sólo por el mero hecho de ver que puedes, que puedes mirar la vida con ojos de constructor y no sólo con mirada de un turista que pasa por la vida sin despertar un sólo sentimiento, sin aprender, y sin enseñar absolutamente nada. | | | (Viajar sólo a Marrakech, es mi primer Ebook publicado).

11 COMENTARIOS

  1. Hola! Muy interesante el articulo. En 3 semanas llegare a cuba para pasar casi un mes alli. Me gustaria saber, como hiciste para cambiar Euro/Dolar a CUP y no a CUC. Te pusieron pegas a la hora de hacerlo? y a la hora de pagar con CUP?

    Muchas gracias!

    Un saludo,

    David

    • Te aconsejo llevar euros, al cambiar dólares pagas una tasa. En las cadecas (casas de cambio), canjeas euros por CUC y luego en la misma ventanilla, los CUC por CUP.
      Un consejo, cambia poca cantidad al principio, unos 10 CUC por 250 CUP, cuesta mucho gastarlos y los que te sobren no podras volver a cambiarlos; si necesitases más siempre puedes volver a cambiar.

  2. Me parece que tu artículo está muy sesgado por prejuicios, todas las anécdotas son malas, amargas cuanto menos. Efectivamente siendo turista van a ir a sacarte todo el dinero que tengas, cosa que me parece que se hace en cualquier sitio turístico del mundo.

    Cuba tiene un sistema económico y social completamente diferente al de cualquier otra parte del mundo y es fácil caer en juicios de valor simplistas si intentamos medirlo todo desde el punto de vista económico occidental.

    Por tus anécdotas parece que no saliste de la Habana Vieja, os recominedo mucho que salgáis de allí, que os vayáis a la parte nueva, a la heladería de fresa y chocolate a comer helado hasta que no podáis más por menos de un dólar, entrar a las tiendecitas de cubanos, comer en los restaurancitos de la calle fuera de la zona turística. A mi me parece que es MUY fácil que no te traten como turista siendo latino, efectivamente la primera vez que pides una pizza dubitativo te van a pedir 2 CUC, pero si les dices, ay, amigo, que yo no soy turista cóbrame en peso cubano, y cuando ya llevas moviendote así unos días ni lo intentan. En la casa particular que nos quedamos un amigo y yo fue así. El primer día que queríamos ir más lejos le preguntamos a la señora y nos explicó, ay, pues hay unos taxis por el malecón que por 5CUC te llevan donde… la cortamos, no, nosotros nos queremos mover en autobus, barato, los 5 CUC me tienen que durar todo el día, y pues ella se rió, y nos explicó como funcionaban los autobuses, nos dijo donde cambiar CUC a peso cubano al tipo de cambio oficial, y nos dijo donde desayunaba ella, baratísimo (la casa de asturias). Es gente super agradable, muy cercana, que se preocupan por los demás, su trabajo es sacarle dinero al turista, pero una vez dejas claro que no eres un dólar con patas te van a tratar como si fueras su hijo. Esta señora de preguntarnos si queríamos un desayuno por 5 CUC el primer día, el segundo cuando nos levantamos nos había dejado una bolsita con un par de piezas de fruta y un sandwich que había aprovechado que le estaba haciendo a sus niños y para que nos llevásemos.

    En el cine, que no vale prácticamente nada y todos los Cubanos pueden ir (no creo que todo el mundo pueda ir al cine en Europa), conocimos a unos muchachos de nuestra edad, eran deportistas profesionales, uno estaba preparándose para ir a las olimpiadas, nos fuimos luego con ellos a por un refresco, nos invitaron, no nos pidieron nada, nos explicaron que al día siguiente iban a un festival de cine de la escuela de jóvenes cineastas de Cuba. Fuimos al día siguiente, muchísimos directores de cine jóvenes presentando sus películas, acabamos de antros con ellos otra vez. Mi amigo es músico, conocimos muchísimos músicos, lo dejaron tocar la batería con una banda de Jazz que tocó en un momento de la noche. En cuanto te sales del rollo turista, te mueves y conoces con una tranquilidad que ni por asomo te encuentras en ninguna otra parte de america latina. Efectivamente ves que la gente no tiene televisores de plasma, ni tablets, pero por otra parte como no están obsesionados por hacer dinero (porque no posible) muchísimas más gente hace lo que realmente le gusta: deportistas profesionales, músicos, médicos que adoran su trabajo, pintores, escritores, investigadores.

    Mujeres solas por la calle por la noche, sitios de bailar donde cualquiera puede bailar con cualquiera, una naturalidad sobre la interracialidad; ves a los niños salir del colegio y no hay un grupito del mismo color, apenas ves un pobre en la calle. NUNCA verás a un niños trabajando, a alguien drogado o con una mona por ahí.

    Vamos, si vas a Cuba queriendo medir su calidad de vida por las pulgadas de pantallas en casa, efectivamente te vas a llevar muy mala impresión, pero si cambias el chip descubrirás una serie de maravillas IMPENSABLES en cualquier otro país del planeta.

    • Estimadérrimo Juan, tengo la ligerísima sospecha de que has leído lo que te ha salido de las pelotillas en lugar de leer mi artículo 🙂

      Muchas de las experiencias que lees en mi artículo son “malas”, porque muchas de las cosas que las personas viven cuando van a Cuba, son malas.

      No obstante, desde el principio del texto subrayo de que Cuba es un país increíble, para que no lleve a error a gente que, como tú, va buscando mounstruos donde no los hay. Más adelante he hablado del increíble trato de los cubanos hacia una mujer española, y también he hablado de la vez que dejé de ser turista y fui al cine, teatro, etc.

      Además de ello, si hubiera leído mi artículo (y además leído los pies de foto), habrías visto que he salido de La Habana vieja. Estuve en Viñales, Pinar del Rio, la Mulata, Matanzas, Varadero, Martí, La Panchita, Cienfuegos, Santa Clara, Trinidad, y un par de pueblos pequeñitos más que no recuerdo su nombre y que la mayoría de cubanos no conocen. Si sabes algo de Cuba, sabrás que varios de los pueblos que te he dicho son muy muy pequeños, donde no viajaba allá jamás un turista.

      De todas maneras, muchísimas gracias por tu comentario, porque es realmente interesante, ¡gracias por aportar valor al artículo!

  3. Excelentes reflexiones!

    Me temo que ya es casi imposible viajar a ningún país y disfrutarlo como si fueras un local. Y eso que nosotros al menos hablamos su lengua. Imagínate ese turista canadiense, no ve de Cuba más que lo que le dejan. Yo también me sentí algo estafado, pero cuando piensas que la estafa es que te cobren 1 dolar por una cerveza, cuando en casa pago 5, entonces te dejas “estafar” con placer.

    • gracias por tu comentario Jorge! Eso es, todo es relativo. Como decía en el artículo a modo de reflexión, Cuba sólo es caro si en tu mente piensas que tiene que ser barato.

      Ahora estoy en Estados Unidos y esto sí que es muy muy caro, y me da vergüenza de mí mismo acordarme de que cuando estaba allí me llevaba las manos a la cabeza por los precios.

      Todo tiene su razón de ser, claro, si me llevaba las manos a la cabeza era por la diferencia de precios tan brutal que existe allí. Ejemplo: El museo de La revolución cuesta 8 pesos cubanos para los cubanos, y 8 dólares para los no cubanos. Eso significa que un “no cubano” paga 25 veces más.

      Ahora bien, es caro pagar 8 dólares por un museo? Pues no mucho, ¿no?. En fin, me queda mucho por aprender como viajero, como persona, y como todo.

      Hasta la próxima,

  4. Aqui hay una cubana que esta 100% de acuerdo con todas tus anecdotas…así es cuba…la has descrito tal cual es.Muchas gracias!!!!

  5. Un apunte: lo de las “guaguas” es al revés, el origen es cubano (puede que por una deformación de la pronunciación del vocablo inglés wagon), y se terminó “importando” a Canarias por los miles de canarios que como dice emigraron a Cuba.

    Saludos.

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